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1.   BADIA,Gregorio (a) Moricante 2.   BALLESTERO, Domingo
3.   BALDRICH Juan Amadeo de 4.   BALSA Eudoro J.
5.   BARO, Benito 6.   BARRERA José Luís
7.   BARRERA Matías 8.   BENITEZ José Francisco
9.   BENGOLEA, Ismael 10. BENGOLEA Santiago
11. BENITEZ Mariano 12. BERNAL Nicasio
13. BISOGNI Luis B. 14. BREST Nicomedes
15. BOERR Carmen 16. BOERR, Juan C.
17. BOGADO José Felix 18. BOMON Enrique
19. BONELLI Fortunato 20. BORDA Facundo
21. BOTET Felipe 22. BUSTAMANTE José Luís
23. BUSTOS Cesar Carlos 24.

 

Badia, Gregorio (a) Moricante

 

 Soldado. Guerrero del Paraguay. En San Nicolás residió la mayor parte de su vida hasta que murió.
 Mereció los honores del recuerdo por Manuel García Reynoso y Rosa Graciela Valdez López de Miro, en diversas oportunidades.
 También se ocupa de el Pepe Suárez (Dámaso Valdés), en “El Noticiero”, y en “Las Instituciones” del 15 e septiembre de 1889.
 A los 85 años solicito de las autoridades municipales una pensión, el 22 de octubre de 1900, y no sabiendo firmar lo hace su ruego el capitán Eduardo Esquivel, en donde afirma que fue “ex soldado del batallón San Nicolás durante la guerra del Paraguay de la campaña d cazadores”, al mando del capitán Cayetano Díaz”...
 El Concejo Deliberante en la sesión del miércoles 17 de abril de 1901, acordó quince pesos mensuales por el término de diez años a Badia y a Manuel Medina, igual suma, como soldados del Batallón San Nicolás en la guerra del Paraguay.
 En agosto de 1902 hizo un viaje a Buenos Aires a fin de gestionar una pensión por sus servicios a la patria, por consejo de don Pedro J. Bengolea.
 Badia vivió en un rancho del fondo de la casa de doña Petrona Arias, en calle 11 de septiembre, que todavía existe.
 Era hombre de color, soltero, nacido en este pueblo donde fue toda su vida aguador o aguatero y termino mendigo.
 Murió el  21 de abril de 1907, a los 92 años.

 

Ballestero, Domingo 

 Marino. Fue uno de los vecinos mas antiguas de San Nicolás en cuya sociedad residió por espacio de más treinta y cinco años como capitán del puerto y subprefecto, siendo también municipal y miembro de una fracción del Partido Autonomista Nacional.
 Domingo Ballestero nació en Buenos Aires el 4 de agosto de 1831, empezando a prestar servicios el 11 de septiembre de 1852, en la revolución contra el general Justo José de Urquiza, en clase de soldado de la guardia nacional, y durante el sitio del coronel Hilario Lagos fue ascendido a cabo, distinción que le entrego personalmente el general José Maria Paz, y mas tarde fue promovido a sargento de la tercera compañía del 2º batallón que mandaba el coronel Bustillo.
 Terminado el asedio de Buenos Aires el 13 de julio de 1853 restableció el orden legal, fue designado oficial de libros de la aduana de San Nicolás, adonde llego el 7 de octubre del mismo año y al organizarse la guardia nacional se le nombro subteniente abanderado del batallón “ San Nicolás”.
 El 19 de enero de 1855 se le confirió el empleo de Teniente 1º Secretario de la Comandancia Militar y ayudante del Puerto, y el 8 de marzo de 1857 fue nombrado capitán de Guardias Nacionales, comandante de la compañía de Marina. Dicha compañía, la primera que se constituyo en el país, fue creada por iniciativa suya, con la autorización del entonces comandante del Puerto, coronel Wescelao Paunero, y estaba formada por 150 hombres movilizados entre los isleños, carpinteros de ribera, lancheros, marineros (...)y pescadores, y presto importantes servicios en aquellos momentos en que la escisión existente entre los gobiernos de Buenos Aires y la Confederación, daba margen a frecuentes conflictos que percutían en el vencidario por su aproximidad al Arroyo del Medio, limite natural y jurisdiccional de ambas expresiones geográficas y políticas (1).
 En diciembre de 1855 por nueva tentativa de resuelta, el coronel Paunero lo mando a Buenos Aires portador de importantes comunicaciones para el gobierno con motivo de las negociaciones el doctor José Maria Cullen entre Buenos Aires y la Confederación, saliendo a las once de la noche de San Nicolás a caballo por las postas y llegando en 19 horas a Buenos Aires, recibiendo por ello honrosas palabras del gobernador doctor Pastor Obligado.
 Al poco tiempo se le mandó con documentos oficiales a la ciudad de Paraná para el doctor Juan Bautista Peña, en la falúa del puerto vela y remo.
 El 25 de diciembre desempeño otra comisión ante el gobernador de Santa Fe, doctor Nicasio Oroño, por nueva invasión a Buenos Aires, pasando por entre los enemigos a quienes hizo creer que era ayudante del mismo señor Oroño, regresando a San Nicolás a los muchos días en un bote con armamento que perteneció a las fuerzas sublevadas del coronel José Maria Garordo.
 En 1858 fue nombró capitán del Puerto y Comandante de la Compañía de Marina, habiendo desempeñando la Comandancia Militar, interinamente, varias veces.
 En noviembre de 1859 obtuvo los despachos de Teniente de Marina de Guerra, y en este mismo año al organizarse las fuerzas que combatieron en Cepeda, fue encargado por el gobierno de Buenos Aires de los depósitos del Parque y Comisaría del Ejercito y delos víveres de carbón para la escuadra, con asiento en San Nicolás. Al regresar a esta ciudad, el ejercito después de aquella batalla el general en jefe le ordeno personalmente preparar todos los buques necesarios para transportar las tropas y la artillería, la que al embarcarla la hizo disponer de manera que pudiera ser utilizado en caso de emergencia, operación que cumplió en pocas horas, mereciendo por ella la mas franca aprobación por parte del general Mitre.
 Terminado el nuevo sitio de Buenos Aires por el pacto el 11 de noviembre de 1859, volvió por orden del gobierno a reinstalar la Capitanía y la Compañía de Marina. En junio de 1860 llego el doctor Dámaso Vélez Sarsfield a San Nicolás y deseando mantener los tratados del 6 de junio con Urquiza pidió al coronel Paunero un oficial de confianza que viniera por tierra traer los protocolos y se le ordeno viniera Ballestero.
 A la formación del ejercito que participo Pavón, presto los mismos servicios que para la campaña de Cepeda, con la diferencia de que esta vez hubo comisario de guerra para ala tropa de tierra, corriendo a su cargo lo referente a la escuadra.
 En abril de 1864 se le acordó el empleo de Capitán de Marina y se le nombro Comandante Militar, en subrogación del coronel Bruno de la Quintana que fue traslado a Concordia, como intendente del ejercito que más tarde marcho al Paraguay. Declarada la guerra con este Estado, se le confió la tarea de recibir, alojar, mantener y embarcar los cuerpos que venían de la frontera y pasaban por San Nicolás con ese destino.
 En esas circunstancias, habiéndole ocurrido, a la altura del paso de Obligado, un serio accidente al buque que traía a remolque otros mas, donde se transformaba la división al mando del coronel Segundo Roca, que marchaba para la citada campaña, fue requerido por ese jefe a fin que le enviara carretas, caballos y reses para las necesidades de las fuerzas expedicionarias, y al mismo tiempo que procurase alojamiento en San Nicolás para los jefes y oficiales y batallones que las integraban. No obstante carecer de autorización para ello, por no disponer de fondos, asumió toda la responsabilidad y procedió de conformidad, suministrado todo cuanto se le pidió. A ese efecto, tomo las cosas habitación de don Melchor Echagüe y del coronel Eudoro Balza para alojar la tropa albergando la oficialidad en algunas fondas, locales, de todo lo cual dio cuenta al gobierno nacional, que ejercía entonces el doctor Marcos Paz y no solo se aprobó elogiosamente su comportamiento, sino que se le dieran amplias facultades para proceder en lo futuro.
 Un punto capital para el feliz desenvolvimiento de los ejecitos beligerantes, y que constituye una de las más graves preocupaciones de los hombres encargados de dirigir las campañas militares, es la cuestión de los abastecimientos. Al expresarme así  me mueve el propósito de destacar el rol que le cupo realizar a San Nicolás durante las luchas entre el Estado de Buenos Aires con la Confederación Argentina y la guerra del Paraguay. La posición estratégica el lugar, con relación al escenario donde se efectuaron las acciones, las ventajas que ofrecía su puerto para el embarque y transporte de la vitualla y la capacidad de recursos como centro de población, hicieron de el, el sitio preferido para esa clase de operaciones.
 Debemos aquí mencionar de un modo especial el nombre de Ballestero por la basta obra realizada en los distintos aspectos de la actividad lugareña, y en particular, por la intervención directa que le correspondió en el aprovisionamiento de las tropas que tomaron parte en las precipitas campañas, al frente de la subdelegación de Marina o Subprefectura, teniendo la misión de correr con todo lo relativo a la provisión de los elementos necesarios a las fuerzas de tierra y mar  movilizadas al efecto. Vinculando a las autoridades superiores respectivas, gozo ampliamente de la confianza de las mismas, y mas de una vez sin disponer de los fondos pertinentes debió afrontar, con satisfactorios resultados, situaciones urgentes y difíciles que se le presentaron, mereciendo por ello el aplauso unánime de quienes requirieron de los tan señalados servicios.
 Dentro de esas funciones oficiales, atendió el racionamiento diario de mas de 250 familias de las guardias nacionales que marcharon de San Nicolás para la campaña del Paraguay, durante todo el tiempo que duro la guerra, corriendo además, con la tarea de recibir y enviar la correspondencia y encomiendas al ejercito y la de recibir y distribuir entre los interesados la de esta procedencia.
 El 7 de octubre de 1867 fue ascendido a Sargento Mayor graduado de la misma arma, y dos años mas tarde, el 7 de julio de 1869, se le confirmo en el grado. Al terminar la guerra del Paraguay, quedo como Capitán del Puerto y Comandante de Marina, y nuevamente, con motivo de la sublevación de López Jordán en Entre Ríos, debió ocuparse de alojar y proveer a toadas las necesidades de las fuerzas que llegaron a San Nicolás de distintos puntos de la republica, para pasar a dicha provincia a fin de sofocar el movimiento de subversivo, encargándosele, además, la custodia de la boca del Paraná Pavón y de las islas frente a Las Hermanas Y Obligado a fin de batir y dispersar a los revolucionarios que intentaran desembarcar.
  Durante las revoluciones de los años 1874 y 1880, al frente de la campaña de Marina, tuvo a su cargo de vigilancia de las costas ribereñas desde Rosario hasta San Pedro. En ese año fue destituido por el gobernador Dr. Carlos Tejedor del mando de la misma, la que tal motivo se disolvió, pero como consecuencia del sitio de Buenos Aires reorganizo sus componentes formando con ellos el 2º batallón que marcho a la Chacarita. Terminada la rebelión con la capitulación de la Capital, Ballestero regreso a San Nicolás siendo nombrado por el interventor de la Provincia, Comandante Militar del Partido, con orden de enrolar la Guardia Nacional de tierra y de marina. El 9 de julio de 1880 fue ascendido a Teniente Coronel graduado de marina y exactamente cuatro años después se le concedió la efectividad como capitán de Fragata.
  Ballestero levanto, además, el plano del Puerto Local, trabajo que fue muy elogiado y se mando litografiar para ser incluido en la Memoria de la Prefectura General Marítima, mereciendo el honor del señor jefe de la Estación Naval Francesa del Rió de la Plata, de que, por intermedio del Agente Consular de esa nacionalidad en San Nicolás, se le solicitaron dos copias conservar a bordo y otra para remitir a Almirantazgo Francés.
 Con fecha 1º de abril de 1887 la superioridad la revelo de la prefectura del puerto de San Nicolás, en que se había prestado servicios por espacio de treinta y cuatro años consecutivos, para designársele Auxiliar de la Marina del mismo, con Jurisdicción en los de Ramallo y San Pedro. Ejerciendo ese cargo fue elegido por el pueblo de la Segunda Sección Electoral de la Provincia de Buenos Aires, senador a la legislatura, con retención de su empleo. Terminando su mandato y habiendo sido suprimido dicho cargo de Auxiliar de Marina, fue nombrado nuevamente, en 1893, Subprefecto del Puerto de San Nicolás, donde permaneció hasta julio de 1894, cuya fecha se le designo Fiscal Permanente de la Armada en el que fue Mayor General de la Marina. En julio de 1895 se le nombro Jefe de la Inspección de Subprefecturas, cesando el 28 de octubre del mismo año para acogerse al retiro. Intervino posteriormente en la entrega del Arsenal de Marina de Zarate.
 Ballestero fue además, uno de lo que mas lucho por el adelanto dela Biblioteca Popular de San Nicolás, ejerciendo la presidencia de la institución: y a su moción, siendo concejal, presento en la sesión del día 8 de enero de 1889, el proyecto por el cual la Municipalidad cedió al gobierno de la Nación, la manzana que ocupara la Plaza de Frutos, para el edificio de la Escuela Normal, que se inauguro recién en 1994.
 El concejal Ballestero es autor del proyecto, disponiendo que la municipalidad alquile una casa contigua a la que ocupa la Escuela Normal, destinándola a este instituto para su mejor comodidad.
  Insisto en que durante las luchas intestinas realizo múltiples comisiones que le encomendaron los gobernantes, algunas con serio riesgo de su vida y que como hombre disciplinado y de buena voluntad, guiado solo por el deseo de ser útil a su patria, no vacilo nunca en cumplir, ganándose con ello la mas absoluta confianza de los superiores y camaradas.
 Murió en Buenos Aires el 25 de marzo de 1889.

(1) Con motivo del combate del Tala (8 de Noviembre de 1854) había actuado a las órdenes del entonces comandante militar de San Nicolás, coronel Nicasio de Biedma, siendo mandado a Buenos Aires a buscar armamentos y municiones viniendo por las postas.


Baldrich, Juan Amadeo de

 

 Militar. Este soldado argentino hijo de San Nicolás de los Arroyos, nacido el 14 de octubre de 1859 y bautizado el 19 de noviembre del mismo año, con los nombres de pila Juan Evaristo, siendo sus padres Luis Baldrich, catalán, y Silveria Ortega, Argentina, pertenecía a una antigua familia de la burguesía que poseyó en ésta ciudad una pequeña industria, la de las velas y jabones, en un solar que todavía existe como entonces y que hoy esta ocupado por el colegio de Nuestra Señora de la Misericordia, en su parte antigua, calle de la Nación al lado de la Masonería.
 Sin embargo, en España, los Baldrich pertenecía a la aristocracia castellana, ya que Juan Amadeo por la rama materna descendía de la antiquísima familia de Pérez de Guzmán, fundadora de la casa Ducal de medina Sidonia, casa esta de las mas rancia nobleza de Castilla, fundada en 1445 por don Juan Alonso de Guzmán, y cuyos antecesores tomaron parte de la batalla de Guadalate.
 Su abuelo paterno, sargento mayor del Real Cuerpo de Artillería, que vino a América, con destino a Chile, durante la guerra de la independencia, cayo prisionero en la batalla preliminar de la toma de Montevideo en 1814, por el general Alvear, pasando luego a Buenos Aires, donde se estableció fundándose así la rama americana de esta familia.
 Por la rama paterna pertenecía  a una vieja familia de militares españoles, oriunda de Cataluña, dos de cuyos tíos llegaron al grado de generales, siendo uno de ellos, uno de los últimos gobernadores de Puerto Rico durante la dominación española.
 El coronel Baldrich empezó sus servicios militares en 1881 y abarcan la campaña del Desierto y sus prolongados servicios en Alemania, Francia, Suiza y España, habiendo asistido a las maniobras de sus ejércitos y a las operaciones militares del ejército español en el norte de África.
 Su obra intelectual no es menos brillante que su foja de servicios y a elle vamos a hacer mención especial. Aparte de informes, proyectos de organización militar, discursos, conferencias y defensas ante los concejos de guerra, ha publicado las siguientes obras: “ El Chaco Central del Norte”, ( dos ediciones), “ Las comarcas vírgenes”, “ Las tropas de ingenieros”, “ La División Buenos Aires”, “ Cura Malal”, “ La infantería montada argentina”, “ Vida militar del teniente general Álvarez”, “ Historia de la guerra del Brasil” ( dos ediciones) y “ El ejercito español”.
 En numerosas ocasiones recibió felicitaciones oficiales del Ministerio de Guerra por esos trabajos, y especialmente por la defensa ante el Concejo de Guerra de Oficiales generales, que juzgo al capitán Emilio E. Correa, matador en defensa propia del desigual clase Anderson.
  Baldrich era defensor del primero y consiguió la libertad y absolución de su defendido. El Ministro de la Guerra felicito al defensor y mando imprimir oficialmente un folleto conteniendo la defensa, para que fuera distribuido al ejército como un modelo de alegato de forma y de fondo jurídico-militar. Esta felicitación en tal forma es la primera y única que se ha producido en el ejército argentino.

 
 El Coronel Baldrich era miembro honorario del Instituto Geográfico Argentino y correspondiente de la Real sociedad de Geografía de Inglaterra, de la de Francia y dela Real Academia Española.
 Poseía las siguientes condecoraciones, a cuyo uso estaba autorizado por ley del Congreso de la Nación: medalla de plata con tres pasadores por la campaña del Chaco, Comendador de la Cruz Roja Española, de la Legión de Honor de Francia, y de la orden del Busto del Libertador de Venezuela, Cruz Blanca de primera clase del Merito Militar de España; grandes placas de segunda y tercera clase de la misma Orden: medalla al Merito, de Chile, Caballero de la Real Orden Americana de Isabel La Católica; ídem de la Real  y distinguida Orden de Carlos III de España; ambas medallas de oro por las batallas de Brihuega, Villaviciosa y sitios de Cádiz y medalla de la campaña de Los Andes.
 Un estudio minucioso de la vida de este distinguido soldado nos mostrara también como supo en la paz, ser emprendedor, sesudo y activo manantial de iniciativas y adelantos.
 Una prueba concluyente de los afectos cosechados en España y África la constituye el episodio de regresar de las operaciones en el año 1911, se dio el caso singular de que los generales y oficiales españoles lo proclamaron diputado a cortes por el ejército en operaciones, al despedirlo en el muelle de Melilla.
 Baldrich participo de la expedición al interior del territorio de Formosa (años 1881 a 1883)a las ordenes del coronel Sola llegando un destacamento de aquella hasta Bolivia remontando el río Pilcomayo. El teniente Baldrich tuvo a su cargo la preparación del plano de esta región y se hicieron los estudios topográficos correspondientes.
 Posteriormente formo parte d la comisión encargada de adquirir armamentos de Europa.
 De regreso al país, a las órdenes del coronel, Juan G. Cetz intervino en los trabajos topográficos de la cuarta sección de ingenieros militares.
 Mas tarde paso a ser ayudante secretario del ministro de guerra doctor Aristóbulo del Valle, cargo este que también desempeño siendo titulares de la misma cartera los generales Benjamon Victorica, Nicolás Levalle y el coronel Eudoro Balza.
 Fue edecán del presidente doctor Manuel Quintana.
 El coronel Baldrich, que solicito su retiro en septiembre de 1916, tenia una foja de servicios que arrojaba un computo de mas de 35 años de actividad militar y otros cargos de representación.
 Su labor literaria es digna de alabanza y hemos quedado inmejorablemente impresionados por la lectura del libro” El chaco Central del Norte”, edición del año 1889(1).
 Falleció en Buenos Aires el 27 de octubre de 1917.
 El 5 de noviembre de 1927 sus amigos le tributaron un homenaje en el cementerio de la Recoleta, colocando una placa de bronce en su sepulcro.

 
(1) Este libro lo adquirí en cincuenta centavos en un cambalache de San Nicolás, frente a la casa de don Luis Guena. El ejemplar perteneció a D. Pedro P. Goytia, que fue intendente municipal, comandante militar de San Nicolás, senador provincial y cónsul general de la Republica en Paraguay y Brasil. 
 

Balsa, Eudoro J. 

 Militar. Nació el 4 de septiembre de 1837 en el hogar arroyero formado por Patricio Balsa y Josefa Acevedo, siendo bautizado dos días después con los nombres de Eudoro Aristarco y apadrinado por Margarita Carranza y Feliciano Malbran.
 Iniciándose en la milicia en los días históricos de las luchas entre la Confederación de Buenos Aires y desde entonces su amor a la Republica creció en pujanza y marcó su derroteo el noble anhelo de verla crecer en hermosura y poderío.
 Estuvo en Cepeda y en Pavón, donde desempeño las funciones de ayudante de Mitre. También le acompaño en la guerra del Paraguay, con el mismo cargo. Quería al prócer hondamente. Le había tratado en esa intimidad que brinda la vida de campaña y que es fruto del mutuo contacto diario con la muerte. El general retribuyo esa desinteresada labor de años, dándole nuestras constantes de estimación personal.
  Hacia el final de su presidencia, Mitre le designo Oficial Mayor del Ministerio de Guerra. Así dio término a su carrera administrativa.
 En 1876 la interrumpió. Ocupaba entonces una banca de diputado nacional por Buenos Aires. En la cámara, lo mismo que en el ajetreo de las guerras y en el desempeño de sus comisiones administrativas, el general Balsa demostró poseer dotes singulares.
  Era un caballero mesurado, chapado a la antigua. Había recogido, en le curso de su existencia, un eficaz  caudal de experiencia. Ese caudal lo puso al servicio de la patria cada vez que fue necesario. Su breve actuación en la Legislatura completo, con esa nueva faz, una personalidad rica en perspectivas.
 Luego el general Balza torno a la administración nacional. Fue secretario del Ministerio de Guerra. Bajo los gobiernos de Sarmiento y Avellaneda, en ausencia de los titulares Gainza y Alsina, y durantes las presidencias de Sáenz Peña y José Evaristo Uriburu, por vacancia de la cartera, fue en varias oportunidades el Ministro de Guerra de la Nación. Doto como tal ejercito de diversos perfeccionamientos y mejoras. Conocía exactamente las necesidades de las distintas armas y su curiosidad intelectual le había obligado a permanecer siempre en contacto con las novedades que juzgaba convenientes para el ejército argentino.
  Eudora Balsa se inicio en la carrera delas armas en 1854 año en que tormo parte en la campaña de Tala, acompañando y custodiando el convoy de armas y municiones que conducía a su bordo el vapor de guerra “Constitución”, servicios que presto en la clase de soldado de la Guardia Nacional, ascendiendo a sargento en enero de 1856. El 7 de octubre de 1858 fue ascendido a subteniente del Regimiento 3º de infantería de Guardias Nacionales.
   En junio de 1859 revista como secretario del general en jefe y cuartel General del Ejercito de Operaciones como alférez en el campamento de Laguna Larga y en el mes siguiente, en San Nicolás. En tal carácter asistió a la batalla de Cepeda el 23 de octubre del mismo año. Se encontró igualmente en la retirada sobre San Nicolás y en el combate naval efectuado frente a ese puerto el día 25, entre las fuerzas navales de la Confederación al mandó del coronel Cordero de las porteñas ordenes del coronel Susini. Regresando a Buenos Aires formo parte de los defensores de la misma hasta el pacto del 11 de noviembre de 1859.
  El 10 de julio de 1860 fue ascendido a teniente 1º Guardias Nacionales del Regimiento 3º de Infantería de esta clase. En julio de ese año siguiente se le encuentra en el cuartel el general en Rojas como ayudante, calidad para la que fue destinado por el gobierno 27 de junio del mismo, asistiendo a la batalla de Pavón el 17 de septiembre de 1861. En octubre del igual año, figura en el campamento de San Nicolás, como “Inspector de Caballada”, y el 5 de febrero de 1862 fue dado de baja como oficial a guerra. A principios de abril de 1865 se embarco con otras personas en el vapor “Esmeralda” acompañado de su amigo Manuel Rocha, en viaje de placer con destino al Alto Paraguay, ajeno completamente al drama que desarrolla el día 13 en el puerto de Corrientes. El 16 del mismo llegada al “Rincón de Soto”, donde fue alcanzado el vapor por el capitán del puerto de Goya señor Elordi, quien le dio la noticia del asalto de nuestros buques por la escuadra paraguaya, del cautiverio de sus dotaciones y del apresamiento de los vapores “25 de Mayo” y “Gualeguay”. A pesar de la opinión de algunos en contra, el capitán del “Esmeralda” deicidio volver aguas  abajo. Balsa inmediatamente dio la noticia al presidente Mitre y, al enterarse este de que aquella circunstancia le había interrumpido el viaje a Asunción, el general le dijo:
 “Perfectamente, ahora tiene Vd. Ocasión de seguir el paseo y conocer la Asunción. Como en la campaña de Pavón, será Vd. Uno de mis ayudantes”.
 Balsa, que había sido elegido poco antes de emprender viaje diputado a la Legislatura de la Provincia, y a la cual aun no se había incorporado, no vacilo un momento: su resolución estaba tomada. Entre sus deberes de legislador y los del soldado en momentos en que la patria sufría un insulto, no cabía elección. De inmediato formo parte del cuartel general el 1º de agosto de 1865 fue reconocido como capitán de Guardias Nacionales. Ante de incorporarse al ejército de operaciones presto juramento de ley en la Legislatura en la que voto el primer millón de pesos con que la provincia de Buenos Aires contribuyo en aquel momento supremo, después de lo cual se consagro a sus deberes militares.

 Como ayudante del general en jefe de la campaña del Paraguay, Balsa se hallo en los hechos de armas siguientes: sitio y rendición de Uruguayana el 18 de septiembre de 1865; combate de Pehuajo el 31 de enero de 1866; pasaje del Rió Paraná el 16 de abril: combate del Estero Bellaco el 2 de mayo; acción para vadear el estero mencionado el día 20 del mismo mes; batalla de Tuyuti el día 24; y asalto de Curupayti el 22 septiembre de 1866, en la cual tuvo la desgracia se ser apretado por el caballo que montaba al caer este muerto en le plomo enemigo. Balsa sufrió causa lesiones internas de gravedad, de cuyas consecuencias no puso nunca curar radicalmente. Su juventud entonces no quiso dar, mayor importancia a los dolores físicos que sufría, y continuo sirviendo sin interrupción hasta que los sucesos políticos del año 1867 determinaron el viaje  a Buenos Aires del presidente Mitre, y Balsa vino a esta ciudad con el Cuartel General del que formaba parte.
 Al poco tiempo de encontrarse en Buenos Aires le fue imprescindible ponerse en cura, y atendido por los doctores Ayerza y Bernet, pudo establecerse después de ocho meses de cama y de una larga y delicada convalecencias. El día 25 de febrero ascendió a sargento mayor graduado.
 El 1º de octubre de 1860 ascendió a sargento mayor efectivo y a teniente coronel graduado el 4 de mayo del año siguiente. Recibió la efectividad de este empleo el 23 de mayo de 1874 y de coronel el 21 de agosto de 1886.
 Fue diputado nacional de 1876 a 1880 y reelecto en 1882. Ejerció en Buenos Aires el periodismo de combate.
 El 25  de octubre de 1905 tenia el coronel Balsa 41 años, 1 mes y 25 días de servicios, por lo cual con fecha 1º de noviembre del mismo año el Poder Ejecutivo le acordó el sueldo del grado inmediato superior, por estar comprendido en el art. 19, capitulo VI, titulo III, de la ley 4707.
 Por estar incluidos entre los beneficiarios de le ley 10.307, de 9 de abril de 1917, por decreto del P.E. de 28 de febrero de 1918 se le extendieron despachos de general de brigada.
 Sobre su pecho ostento medalla de plata rendición de Uruguayana, conferida por el Emperador Pedro II el 20 de septiembre de 1865; cordones de plata por la batalla de Tuyuti:; escudo del mismo metal por el asalto de Curupayti; medalla de oro por la terminación de la guerra del Paraguay; medalla del mismo metal conferida por la Legislatura de Buenos Aires a la Guardia Nacional que tomo parte en la guerra de referencia; cruz griega de hierro con sol de oro por canje con el Estado Oriental; y medalla de bronce con pasador de oro por canje con el Brasil.
 El general Balsa fue uno de los fundadores del Jockey club de Buenos Aires y tuvo a su cargo su presidencia durante varios periodos.
 En el crepúsculo de su vida se había retirado al pueblo de San Martín. Los vecinos acudían a visitarle, para recoger de sus labios enseñanzas que eran fruto de una existencia privilegiada, y también de Buenos Aires iban a buscarle quienes  habían tenido ocasión de apreciar los kilates de su espíritu.
 A través de una vida larga hecho de ascensos ganados en los campos de batalla, hecha la comprensión y de su inteligencia y hecha, sobre todo, de fe de una idea grande, el general Balza toma a la memoria de los muchos que le han admirado a través de una hoja de militar como un ejemplo claro y firme de lo que es el verdadero cumplimiento del deber.
 Murió en 1922 a los 85 años. Su entierro corono, en cierto modo, aquella vida modesta y prodiga. El general Riccheri le llamo ejemplar militar y ciudadano.
 

Baro, Benito  

 Benito Baro, que dejo de existir a los 90 años, el 12 de agosto de 1953, fue un trabajador infatigable, Huérfano, desvalido, lo crió con amor entrañable su abuela, ingresando a la escuela Nº 1  de Manuel Fernández Gandara, de donde paso a la de Leopoldo Grillo.
 Completo sus conocimientos en el Seminario Conciliar de Buenos Aires en 1876, estudiando Humanidades durante tres años, pasando de allí al Convento de Santo Domingo. Concluida su educación en 1881 fuese a Mendoza, dedicándose durante dos años a tareas comerciales y emprendimiento después de trabajos de campo en la provincia de Santa Fe.
 Posteriormente se instalo en Pergamino como telegrafista del F.C. Provincial durante cinco años y dejando ese puesto compro en aquella ciudad una cocheria, teniendo a la vez la Agencia Villalonga y comisiones de comercio.
 El 6 de enero de 1891 abrió sus estudios de asuntos jurídicos con el Dr. Domingo Susviela y con el mayor Dalmiro Castex.
 Cuando se inauguro el edificio municipal de la ciudad de Colon concurrió a ese acto de presentación de la comuna de San Nicolás, en su carácter de Vicepresidente del concejo Deliberante, pronunciando un elocuente discurso. También despidió los restos de Juan Manuel Argerich en nombre del municipio.
 Fue por muchos años apoderado de la Intendencia y perteneció por largo tiempo al Consejo Escolar, abonado de su peculio los sueldos de los maestros cuando se encontraban atrasados. Ha sido apoderado del Banco Español del Rió de la Plata durante dieciocho años y por espacio de dos años y ocho meses desempeño el cargo de Juez de Paz, con honorabilidad y competencia.
 No obstante su laboriosa y proficua actuación publica ninguna representación estuvo presente en las exequias, con la salvedad del Colegio de Procuradores que designo su orador a contador don Pedro Cerrutti.
Desapareció con don Benito Baro un caballero gentil, cumplido y jovial, de idiosincrasia inconfundible y hasta hace poco se lo veía concurrir con frecuencia en los sitios d reunión y buena sociedad en donde se lo distinguía por su don de gentes.
 

Barrera, José Luis

 

  Nació en Rojas en 1805, siendo sus padres Maria de los Dolores Vela y Alejo Barrera, quien había actuado en los ejércitos de la Independencia, muriendo en Buenos Aires en abril de 1816 mientras revistaba en el Cuerpo de Inválidos. Según es fama peleo a las órdenes de Belgrano y por su heroico comportamiento el Gobierno se hizo cargo de la instrucción de su hijo José Luis, costeándole los estudios en el Colegio San Carlos.
 Esta versión se halla corroborada en la carta que desde Jujuy escribió Belgrano al, secretario del Triunvirato don Bernardino Rivadavia, con fecha 3 de junio de 1812, en cuya posdata le decía: “ Pedí a los oficiales don Juan Arrua y don Manuel Chaves, y deseo que vengan don Alejo Barrera, don José Casado y don Antonio Rambla, a los que conozco por haber estado conmigo en las acciones del Paraguay: por Dios que no me manden moralla, que tengo a montones de lo mas inútil y de lo mas malo que usted pueda pensar”. (Apéndice al capitulo XX de la Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina, por Bartolomé Mitre). Vuelto José Luis a la zona de su nacimiento y afincado en San Nicolás matrimonio en 1827 con doña Francisca Javiera de Ibarra, viuda de José Maria Cisneros.
 El 2 de julio de 1830 se expidieron sus despachos de teniente de la milicia activa de infantería del pueblo de San Nicolás, y en 1º de enero de 1839 fue ascendido capitán.
 En 1840 fue designado comandante del Batallón San Nicolás, desempeñando ese cargo hasta caseros (1852).
 Ejerció sus funciones militares con celo, honradez y energía y fue severo en el orden y disciplina del cuerpo a su mando. Ello no obstante, intervino cuantas veces pudo a fin de mitigar en encono y el enardecimiento de las luchas políticas de su tiempo, y es tradición que numerosas oportunidades ayudo a fugar a perseguidos unitarios, no trepidando en esconderlos en su propia casa o en sus establecimientos de campo. Al frente de su batallón intervino en el famoso combate de la Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845), y en el de Acevedo( 9 de enero de 1846), siendo ascendido por su actuación en el primero de ellos al rango de sargento mayor, distinción conferida en el mismo campo de batalla. Con sus tropas lucho también en Caseros, donde fue hecho prisionero juntamente con su hijo Matías, escapando gracias a la intervención del coronel Gervasio Goytia, que actuaba a las ordenes de Urquiza, quien se ingenio para favorecer su fuga en la misma noche del 3 de febrero con la ayuda de un soldado del ejercito grande que había sido peón de la estancia “Bella Vista”, de propiedad de Barrera.
 Su prestigio y la garantía de orden y responsabilidad que significaba su persona, determinaron al general Urquiza a designarlo provisoriamente el 26 de octubre de 1859, tres días después de la batalla de Cepeda, Juez de paz y jefe político de San Nicolás. Con el beneplácito general ejercito su cometido, evitando la excitación delas pasiones políticas y adoptando numerosas medidas de interés publico, la conservación de los depósitos fiscales, la tranquilidad del vecindarios y el cuidado de asistencia de los heridos, prohibiendo en absoluto la venta de bebidas fuertes, bajo multa de cinco mil pesos, moneda corriente. Renuncio poco después, el 17 de noviembre del mismo año, al saberse la firma de la convención de San José de Flores, por la que Buenos Aires se incorporaba a la Nación.
 Retirado de las actividades públicas se consagro al cuidado de sus intereses, especialmente de sus dos estancias llamadas “Bella Vista” y “Nuestra Señora de la Merced”, la primera ubicada en la provincia de Santa Fe y la segunda en la de Buenos Aires, ambas con extensos frente al Arroyo del Medio, que adquirió y amplio con sucesivas compras efectuadas a partir de 1848y 1837, respectivamente, y de las que hizo con el concurso de sus hijos Luis y Matías, establecimientos modelos en su genero.
 Católico ferviente, ayudo a la reconstrucción de la iglesia parroquial de San Nicolás destruida por la explosión del 15 de diciembre de 1852, donando de su peculio el altar mayor para la misma, como también dejo por disposición testamentaria un legado de diez mil pesos para contribuir a la instalación de San Nicolás del colegio de los salesianos.
 Murió el 8 de julio de 1873, y de acuerdo a los deseos expresados en su testamento, fue sepultado “sin ostentación ni pompa” en el sepulcro familiar del cementerio de San Nicolás, donde descansan sus restos.
 

Barrera, Matías 

 Estanciero. Matías Barrera, Coronel de guardias nacionales, nació en San el 24 de febrero de 1836, siendo hijo del comandante de milicias de infantería José Luis Barrera y de Francisca Javiera de Ibarra, siendo bautizado, el 4 de marzo de 1836 y actuando de padrinos Valentín González y Eduviges Leiva.
 Se dedico toda su vida a las faenas campestres, pues recibió de sus padres un haber cuantiosos que acrecentó dedicando al trabajo desde niños, todas sus energías. Este hombre de antiguo cuño, a quien rodeaba el cariño y el respeto en el partido de San Nicolás, formo una de las primeras fortunas de la región.
 Su limpio nombre, su honorabilidad y su prestigio eran notarios y a su faz trascendía la recién tranquilidad de su espíritu.
 En 1881 el gobernador Dr. Dardo Rocha lo nombro Juez de Paz de San Nicolás pero renuncio al poco tiempo.
 De genio reposado y discreto, su larga actuación en nuestras luchas democráticas denunciaba la independencia de su carácter y el influjo que poseía como ciudadano de convicciones cívicas. Con mas de setenta años hacendado, era muy casero y poco amante de abandonar su estancia para llegar a la ciudad, pero mantuvo siempre cultas aficiones y poseía conocimientos que se traslucían en su amable conversación que se volvía elocuente cuando relataba sucesos históricos de los que fuera actor o testigo, llegando al grado de Coronel de Guardias Nacionales y terminando su actuación en rosario, participando en la revolución de 1893.
  En su establecimiento de campo hacia rezar Rosario todas las tardes y asistían los peones del mismo. Los que no concurrían no gozaban de licencia en los días señalados para visitar sus familias o para ausentarse a San Nicolás.
 Sus dos hijos mayores, que estudiaran ciencias jurídicas, no contestaban a un apalabra suya sin decirle “señor”, y en este simple detalle y en sus actos para con el, se podía observar el respeto que le tenían.
 La crisis de 1890 hizo peligrar su respetable posición de hacendado pero logro rehacer su fortuna, llegando en 1905 a adquirir un campo de veintitrés mil hectáreas, “Los Mistoles”, en la provincia de Córdoba.
  El primer poblador de la estancia de Barrera fue el coronel chileno Juan Antonio Carretón, comandante militar de San Nicolás durante la dictadura, en el periodo comprendido entre los años 1836 y 1849.
 Su actuación mas destacadas fue en el sur de Santa Fe, donde Barrera desempeño el importante cargo de jefe de las fuerzas militares de la zona con asiento en Villa Constitución, donde su figura era generalmente querida y gozaba de gran ascendiente.
 Estuvo vinculado políticamente a las principales figuras de entonces, como el Dr. Dardo Rocha y el general Julio A. Roca.
 Murió en San Nicolás el 12 de agosto de 1909 a los 73 años de edad.

 

Benítez, José Francisco 

 Hacendado y funcionario publico. Nació el 31 de enero de 1797, siendo sus padres el juez comisionado Tomas Aquino Benítez y Maria Leonor Acevedo, y padrinos de bautismo Maria Eulalia Acevedo y Pedro Benítez.
 Como estanciero y hombre de empresa se asocio a José Urtubey y poseyó en el partido de Pergamino la estancia “Ambogena”, que describiera el periodista Dámaso Valdez en su periódico “El Noticiero”, en tiempos que administraba aquel predio rural don Luis García del Molino, que en 1913 fue gobernador de la provincia. Empezó su carrera pública en 1823 a ser designado por Rivadavia Juez de Paz del partido de San Nicolás.
 Coopero siempre con los hombres que deseaban dar una Constitución federal al país, actuando en Santa Fe como diputado por Misiones en la Convención Nacional de 1828-1829, (1) que firmo la paz de Brasil.
 Benítez era una figura de acrisolados prestigios y de la estancia singular. Llamaba la atención en Rosario o Santa Fe, ya en Buenos Aires o San Nicolás donde lo llevaban sus negocios particulares o gestiones publicas. Por haber frecuentado sus tertulias, lucio V. Mansilla lo conoció  y lo menciona “Retratos y Recuerdos”.
  En 1832 fue secretario de la Comisión Representativa reunida en Santa Fe, en la que participaron esta provincia, Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, Córdoba, Tucumán y Mendoza, en cumplimiento en el articulo 15 del tratado del 4 de enero de 1831, asamblea a la que convocara López y que fracasado por las maniobras de Rosas.
 Siguió actuando en la función publica durante la época de Rosas sin mengua para su nombre, siendo secretario de Estanislao López y pascual Echagüe, participando en las luchas civiles hasta caer prisionero en la batalla de Caaguazu.
 Fue miembro de la Legislatura de Buenos Aires desde 1846 hasta 1850 y vocal de la cooperación Municipal de San Nicolás en 1856 y 1859, sirviendo también en el carácter de procurador municipal.
  Como político apoyo la tendencia federal y combatió el localismo porteño y a los separatistas. Pertenecía a esa clase culta de la sociedad argentina que sirvió a Rosas, que sufrió en silencio y que no mancho sus manos son sangre fraterna. Dirigió elecciones tumultuosas y secundo las miras del coronel Hilario Lagos en el pronuncioanmiento del 1º de diciembre de 1852. En las elecciones de 1856 sostuvo la candidatura a senador, del general Espinosa, en oposición a la del Dr. Valentín Alsina, cuyo epilogo sangriento fue comentado por el diario “El Nacional”de 10 de junio de 1856, y que mereciera nuestra atención oportunamente (2).
 Benítez caso a los 56 años, el 3 de mayo de 1853,  con dispensa de la curia romana, por ser tío de la desposada, doña Estanislada de la Sota unión de la que nació Mariano Benítez, que fue senador provincial por Buenos Aires (3).
 Su nombre se hallaba íntimamente ligado al progreso material y cultural de la población, así como a obras de beneficencia. Fomento la Biblioteca Pública. Merced a su iniciativa se instalo la Sociedad Salesiana de Don Bosco. Por sus merecimientos y por su piedad, Pió IX nombro Comendador de la Orden de San Gregorio Magno.
 Poseía una valiosa biblioteca de obras clásicas y religiosas, alguno de cuyos ejemplares he tenido oportunidad de examinar en casa del senador Miguel D. Dávila, que fue un hijo adoptivo.
 Que era un hombre de prestigio es innegable, aunque también fuera lapidado y escarnecido públicamente. Por eso sus con ciudadanos lo eligieron en 1860 diputado de la convención Reformadora de la Constitución de 1853. Esta fue la mayor satisfacción de su vida.
 Fue un político ilustrado, de amplias vistas. Urquiza le dispenso su consideración y fueron amigos. Esa amistad comenzó en 1842 cuando Benítez escribió a Cipriano Urquiza, para que comunicará al futuro libertador de la tiranía, su hermano, que Rosas no abrigaba muy buenas intenciones a su respecto, lo que, por su parte, como sabemos, Urquiza tuvo bien pronto la oportunidad de comprobar.
  La posteridad ha reconocido en Benítez a uno de sus hombres beneméritos por su vida de una perfecta consecuencia a sus ideales y en julio de 1936, treinta y tres colegios salesianos hicieron una peregrinación a San Nicolás y dedicaron una ofrenda de bronce en el frente del edificio de la Municipalidad a su protector de la primera hora.
 Murió de septimecia, según el Dr. Florencio Cantilo, el 28 de enero de 1882, a los 86 años y fue sepultado años después en la capilla del Colegio Don Bosco.
 Fue su antepasado el sargento mayor Martín Benítez. 

(1) Véase mi colaboración en “La Capital” del domingo 16 de abril y 21 de mayo de 1939, suplemento dominical.
(2) “La Capital”, de Rosario, domingo 2 de julio de 1939.
(3) Fueron padrinos de casamiento, Dionisia López y Francisco Llobet.
 

 

Bengolea, Ismael 

 Médico. Nació en San Nicolás el 2 de febrero de 1857 siendo sus padres Benedicta Llobet y Pedro N. De Bengolea.
 Ingreso a la Facultad de Medicina a fines de 1872, fundando un periodo de “resistencia” estudiantil, titulado “13 de diciembre”, por ser ésta la fecha en que se quito la vida un estudiante injustamente aplazado.
 Se recibió de medico en 1884, presentando una tesis titulada “Consideraciones higiénicas sobre La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires”. Mientras estudiaba ocupo un puesto en las oficinas del ministerio de Guerra desde 1873, pasando más tarde a la Secretaria de la Cámara de Diputados de la Nación. En 1881 se le nombro director de Estadísticas de la provincia, para resultar electo diputado a la legislatura por un periodo de 1883. Mas tarde fue elegido senador por la capital a la misma legislatura. Ejerció otros cargos públicos, como mimbro de la comisión de las obras del Riachuelo.
 Estaba casado con doña Adriana Demaria.
 Partidario ardiente de Adolfo Alsina, esa admiración la mantuvo toda su vida. Miembro del partido Autonomista Nacional, este lo llevo en 1883 a la legislatura de Buenos Aires.
 Desempeño otros cargos representativos, además de diversas funciones publicas, y el presidente José Evaristo Uriburu lo designo director del Banco Nacional en Liquidación.
 Se dedico también a la atención de sus intereses agropecuarios.
 Alcanzo con lozanía a la edad de 91 años, en tensión siempre de la inteligencia, siempre en fervor el corazón, erguida la figura.
 Fue un caballero de insobornable carácter, con espíritu inflamado por la pasión de sus convecciones y un ejemplo de señoril decoro.

 

Bengolea, Santiago
 

 Hacendado político. Nació en Córdoba el 2 de enero de 1825 del matrimonio formado por Pedro de Bengolea y doña Transito Acosta.
 En San Nicolás de los Arroyos se desarrollaron en su mayor parte sus actividades como hombre empresa y dirigente del parido autonomista nacional.
 En 1872 funda el periódico “El Progreso”, como órgano de partido apareciendo tres veces por semana y después se transformó en diario. Este periódico fue decano de la prensa de la provincia hasta 1889 en que dejo de publicarse, puesto que paso a ocupar “El Norte de Buenos Aires”, hasta 1925 en que su vez ceso su aparición.
 Bengolea fue miembro de la legislatura de Santa Fe en 1868 y de la de Buenos Aires, como diputado y senador, de 1875 a 1880 y del 1880 a 1884.
 Contribuyó al progreso de San Nicolás por sus vastos negocios en hacienda y lana vinculados su nombre a la industria del Saladero asociado s Lucio N. Mansilla. Fue propietario del denominado “Dos Amigos”, sobre las barrancas del Paraná.
 Vinculado a los círculos católicos fue en 1882 presidente de la comisión que trabajo en pro de la erección del nuevo templo  parroquial, y desde 1856 había contribuido con importantes sumas. Su Santidad Pió IX le nombro caballero del Santo Sepulcro.
 En 1870 presidio la comisión popular que recibió los últimos efectivos del “Batallón San Nicolás”, a su regreso de la campaña del Paraguay.
 Bengolea fue municipal en 1858 y 1859 y tuvo parte principal en las sangrientas elecciones del 11 de abril de 1858.
 En la provincia de Córdoba fue uno de los primeros que se dedico a las explotaciones agrícolas-ganaderas y poseía una gran extensión de tierra.
 Honrado a carta cabal y de espíritu progresista se gano la consideración de cuantos trataron. Valiente y de recia apostura afrontaba situaciones de peligro sin inmutarse. Tenía el don de la elocuencia que le sirvió para sus fines de dirigentes políticos. Hombre de sentimientos elevados y de sana inspiración, en ciertos momentos arrebataba con su fácil palabra.
 Este ciudadano que no eludía su responsabilidad en los momentos críticos, encontró la muerte el 28 de julio de 1890, al recibir un balazo en la frente un combate que libraban dos  bandos rivales revolucionarios.
 Era hermano de Pedro Nolasco de Bengolea. Fueron casados con dos Llobet: Juana y Benedicta, respectivamente.
 Los hijos de Santiago y Juana Llobet, fueron: Santiago, casado con Marta Ramos de Mejia; francisco con una señora Risso Patrón; Alcira con Emilio Obligado; Abel, con Sofía Arning; Faustino, Con Margarita Guerra; Mercedes, con Ezequiel Barrenechea; y Manuel, medico, murió soltero.
 Pedro J. Era hermano de Ismael, Padre del eminente cirujano Adrián J. Bengolea, y hermano también de Narciso, coronel de Benedicta, de luisa y de Amalia; estos, todos, hijos de Pedro Nolasco.

 

Benítez, Mariano 

 Hacendado, legislador. Mariano Benítez, era hijo de José Francisco Benítez y de doña Estanislada Donata de la Sota. Nació en San Nicolás el 22 de julio de 1854 y fue bautizado el 1º de septiembre del mismo año, siendo sus padrinos Dionisia López y Cayetano de la Sota.
 Curso estudios en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay y obtuvo el titulo de abogado en la Universidad de Buenos Aires.
 Alterno sus actividades forenses con la atención de su estancia “Ambojena” y sus funciones legislativas como senador provincial.
 Los pueblos de la provincia, que se oponían a la venta del F. C. Oeste, durante la administración DE Máximo Paz, contrajeron una deuda de gratitud para con este distinguido miembro de la legislatura que no transigía con el proyecto, que no creía como el gobierno, que la enajenación era conveniente. No obstante pertenecer al partido gobernante y ser amigo personal del titular del P. E. el proyecto se transformo en ley, tras memorables torneos oratorios, con su voto en contra.
El Dr. Mariano Benítez fiel y consecuente con su juicio y con su conciencia, adopto la actitud que todo ciudadano honrado y patriota debe asumir. Así, quedo consagrado como uno de los fieles representantes del pueblo e interprete genuino de sus sentimientos.
 Murió en Buenos Aires en 1892 a los 38 años de edad. Como su padre vivió con dignidad y señorío y su desaparición temprana troncho de una vida en carrera ascendente.
 La estación ferroviaria de este nombre se encuentra en el partido de Pergamino, en terrenos donados por Benítez. 

 

Bernal, Nicasio 

 Periodista y político. Hijo de un hogar honorable, formado por don Nicasio Bernal, estanciero avecindado en este partido y en el departamento de constitución, de la provincia de Santa Fe, y por doña Flora Chousiño, perteneciente también a las mas antiguas y distinguidas familias de la comarca, el joven Nicasio hizo honor a ese abolengo heredado de probidad señorío.
 Fue en efecto, la de Bernal una figura de caballero a carta cabal, de rasgos inconfundibles, que se transfundía a su físico, alta estatura, cargado de hombros, fornido de natural elegancia, de piel blanca y cabello rubio, lucia siempre levita color gris y galera cuadrada de felpa del mismo tono, gran reloj y cadena de oro y su infaltable bastón.
 Conocido en todo el norte de la provincia de Buenos Aires, cosecho afectos imperecederos por su trato exquisitamente afable y cultivada espiritualidad y que supo darse a sus amigos sin tasa ni reserva.
  Cuando fui empleado de la Cámara de Apelaciones del Dep. del Norte tuve oportunidad de observar los varoniles trazos de su firma en un viejo libro de notificaciones de secretaria, perteneciente al archivo de esa reparticipación. Llaman la atención los caracteres energético, gruesos, como su tamaño nada común y clara caligrafía.
 Fue la de Nicasio Bernal una figura movida por elevados ideales. Noble, llano, su risa reflejaba la alegría de vivir. De cultura nada común, cautivaba por su ingenio y carácter travieso, y se hacia querer por su proverbial bonhomía.
 Militante en luchas políticas, fue uno de los secretarios fundadores de la Unión Cívica y vocal del “club del Pueblo”, organismo que se constituyeron en los días ya históricos de 1890.
 En 1891 redacto aquí “El Radical” y el fragor de la predica lo llevo a tener duelo con Ramón E. Carvajal, entre otros lances caballerescos de resonancia entonces, en el medio bravío de las luchas políticas.
 Su labor periodística se completo con la fundación de “El Deber”, en el Pueblo de Arrecifes, siendo su principal redactor don Alfredo D. Boullosa.
 Perteneciendo a la Guardia Nacional, fue oficial del “Batallón San Nicolás” y jefe del segundo batallón en 1893 con el grado de capitán.
 En los turbulentos sucesos de esos días, descolló por su valentía y exaltando patriotismo.
 Esgrimista, fue uno de los principales iniciadores del club de Gimnasia y Esgrima. Fue un contenedor sobresaliente que conocía siempre algún “tiro secreto”. En tal carácter fue actor como dijimos, en cuestiones de honor.
 Laborioso, dedicado de lleno a sus tareas de agente judicial, gozaba de una reputación envidiable en la zona de jurisdicción de nuestros tribunales.
 En la ciudad de Rojas, al que esta tan vinculada mi familia por los lazos de la sangre y de las afecciones más caras mantenía una estrecha amistad con los apellidos más conspicuos del lugar.
 “Masacote”, como lo “Bautizo” Dámaso Valdez, era muy festejado por su gracejo e inseparable buen humor.
 Un destino aciago le estaba deparado a quien vive aun venciendo a la muerte y al olvido de defender a un amigo muy querido que cuyo victima de plomo homicida.
  “El sacrificio de la vida es el mas alto precio que pueden alcanzar las cosas humanas. La suya se dio por la amistad”. Esta es la síntesis hermosa que hicieron grabar sus amigos en el sepulcro que encierra sus cenizas en el cementerio de San Nicolás. Y saturados de dolor, añadieron: “Su corazón era demasiado generoso para no sucumbir a impulsos de los grandes sentimientos”.
 Pues bien; a  las 10 ½ de la noche del 1º de marzo de 1896 encontrándose Nicasio Bernal y Juan Oyhanarte director del periódico. “La Verdad”, con la  familia de este ultimo y un aniña de Buenos Aires, que se hallaban accidentalmente en rojas, sentados en la puerta de la calle de su casa, fueron bárbaramente asesinados, recibiendo el ultimo un balazos por la espalda que, produciéndole la muerte fue a incrustarse uno de ellos en la rotula de la niña (Maria Luisa Suárez), la que además de esa herida, presentaba otra en la rotula opuesta, aunque de menos gravedad.
 A pesar de que ambos estaban sin armas, corrió Bernal en persecución del asesinato, recibiendo a una cuadra de distancia del teatro del crimen, un balazo en el pecho, que le produjo una muerte instantánea.
  El  “olor de la sangre”, como decía en un editorial el diario “La Prensa”, del 4 de marzo de 1896, movió el brazo homicida, pues hacia juntamente un año que había sido muerto E. Carrasco, intendente municipal, en un movimiento sediciosos del que era jefe Juan Oyhanarte, suceso que se produjo al negarse aquel a entregar el edificio de la municipalidad al exigírsele su renuncia.
 El estupor de estos hechos mantenía alterada la paz social de los vecindarios (afectados) vinculados  alas victimas, episodios sobre los que no queremos ahondar, por razones obvias, ciñéndonos a la principal de los acontecimientos.
 El juez del crimen Dr. Macedonio Canedo y los miembros de la Cámara de Apelaciones, se trasladaron a Rojas en un tren especial para abarcarse directamente las instrucción del sumario, disponiendo como primera providencia la suspensión en sus funciones del comisario Ferreyra, del oficial Ferrer y del meritorio Iturralde, por falta de garantías y manifiesta parcialidad; y la detención de los implicados Ricardo Francisco y Carlos Carrasco, Manuel Morales y Juan Lara.
 Una verdadera multitud, cerca de seis mil personas, se congrego en la estación F. C. Oeste, situado en la calle Leandro Alem, para acompañar a Nicasio Bernal hasta el campo santo, flores y lágrimas se derramaron al paso del cortejo. La fúnebre ceremonia traía a la memoria otro recuerdo doloroso: la muerte del tribuno Aristóbulo del Valle, ocurrida días atrás, el 29 de enero de 1896, dejando honda herida que tardaría tanto para quedar cubierta por los aluviones de la vida y a quien honro San Nicolás con un inolvidable funeral cívico en el teatro Principal.
 El comité radical de la provincia envió en carácter de delegado el doctor Julio Moreno.
 Los amigos fieles donaron un sepulcro par sus despojos el que durante muchos años recibió las ofrendas anónimas de las margaritas del pueblo.
 Nicasio L. Bernal caso a los 22 años de edad, San Nicolás, en cuya campaña había nacido en 1864, el 6 de septiembre de 1866, con Maria Emilia Le Sage, de 17 años, hija de Eduardo Le Sage, natural de Francia, y de Eulogia Echeverria, natural de Córdoba, siendo padrinos Tomas S. Acevedo y Flora Chousiño (1). 

(1) Nació el 3 de diciembre de 1864 y fue bautizado por el P. Lorenzo Bonifacio el 23 de diciembre del mismo año con los nombres de Francisco Nicasio y siendo padrino Luis Llobet y Petrona López (libro 19, p.273). 

 

Bisogni, Luis B. 

 Periodista. Nació en San Nicolás en 1898.
 Fue una excelente figura en el campo del diarismo, actividad a la que dedico sus extraordinarios entusiasmo en un albor agotadora que precipito su prematuro fin.
 A poco de cumplir los veinte años abandono estos lares, radicándose en la capital de la provincia, orientándose hacia la actividad periodística con infatigable laboriosidad y pureza de propósitos.
 Había hecho en sus primeros armas en “El  Progreso” y “La Hora” de San Nicolás, enhiesto y viril en la defensa de los intereses públicos, a la vez de comprensivo y profundamente humano con los problemas ajenos, compartiendo las tareas con el autor de esta obra, en 1921.
 Tal manera de ser le constituyo un justiciero prestigio, al que supo hacer honor a lo largo de toda su vida.
 En La Plata se hizo de muchos amigos, que lo estimaban y respetaban por su profunda bondad y la trasparencia de su trayectoria privada y profesional. En el ambiente periodístico su figura fue popular como criterioso y veraz interprete de los acontecimientos. No tenía egoísmo para facilitar a sus colegas los datos, atento únicamente a sus generosos impulsos.
 Desde 1931 desempeño en La Plata la corresponsalía del diario “Critica”, de diversos órganos del interior de la provincia entre ellos “El Atlántico” de Bahía Blanca y “El Tribuno” de San Nicolás.
 Su principal actividad la desarrollo en “El Día”, siendo un periodista leal, afectuoso y de constante laboriosidad.
  Falleció en La Plata a los 52 años en 1950. La Cámara de Diputados rindió póstumo homenaje por medio del legislador Orsi por haber sido Bisogni cronista parlamentario durante diez años. Por su parte el Círculo de Periodistas designo su orador a Santiago Tigero Flores.
 

Brest, Nicomedes 

 Educadora. Ejerció magisterio en diversas escuelas particulares y oficiales durante treinta y cuatro años.
 El 22 de mayo de 1889 un joven maestro, Bonifacio Velásquez, dirigía una carta al director de u diario local hablando en favor de aquella maestra vieja.
 La señora Nicomedes Brest había prestado sus servicios a la instrucción popular durante más de tres decenios y anciana, enferma y fatigada por una lucha tan prolongada en una carrera tan ardua, pedía al gobierno su jubilación, que tenia ganada con creces.
  La petición hacia tres años que dormía en las carpetas de la Cámara mientras la señora Bret sentía agravarse sus dolencias y desfallecer en sus esfuerzos.
 Un deber de gratitud, sino un deber de humanidad, convoco los antiguos discípulos de la maestra anciana a hacer algo en su obsequio, y el señor Velásquez iniciaba en su carta la forma en que el pensaba que ese deber podía cumplirse. Indicaba que seria necesario solicitar de los señores diputados por esta sección, su cooperación para hacer un acto de merecida justicia y además una petición de carácter colectivo, lamentando por su parte el diario “ Las Instituciones” que sea indispensable adoptar tal actitud en una cuestión tan simple por su tramites, como la referencia.
 El señor diputado don Geronimo Turio abogo por la señora Brest y la jubilación fue concedida después de la larga espera. Además, en la sesión del 3 de octubre de 1889 el consejo deliberante aprobó la moción del concejo Dr. Manuel Gracia Reynoso para que la municipalidad se dirija por nota a la legislatura pidiendo el pronto despacho de la solicitud de jubilación hecha por la preceptora doña Nicomedes Brest.
 Murió en Buenos Aires el 2 de febrero de 1896. Al saberse esta noticia en San Nicolás se organizo una comisión para rendirles honras póstumas, comisión que presidio doña Rosa García Reynoso de Piñero y otras ex – alumnas como la señora Emilia L. De Bernal( esposa de Nicasio Bernal); y las señoritas Ramona Basaldua, Maria Julia Gard, Elvira Ruiz Clotilde Bores, Eulogia y Adela Le Sage, Clara y Leticia Risso Patrón, Lola Saavedra, Mercedes Gard, Maria y Margarita Argerich, Maria Fernández, Ana Teresa Trivelli, Rita Miro y doña Rosa Gómez de Gómez.
 “El Norte de Buenos Aires” dijo que a la señora Brest la llevaban al sepulcro dolencias adquiridas en su larga y fecunda carrera de maestra. Que San Nicolás, en la sociedad mas conocida y selecta, sabe cuantas eran los merecimientos de la señora Brest como entidad moral, y cuanta su abnegación y competencia en la honrosa profesión del magisterio tan hermosa como tal renumerada, a que consagro aquella toda una existencia útil y digna.
 Y reclama este homenaje de las que fueron sus discípulas armadas, a las que supo imbuirles las primeras nociones del saber y los primeros ejemplos de virtudes.
 El resultado fue un imponente funeral celebrado el 14 de febrero de 1896 en la iglesia parroquial, oficiando el cura vicario de entonces doctor Juan José Perazzo, mas tarde canónigo de la catedral metropolitana. 

 

Boerr, Carmen 

 Militar. Fue la de Boerr una figura respetabilísima, patriarcal, en San Nicolás de las últimas décadas del siglo del pasado. Hijo de sus obras, laborioso emprendedor y probo, llego a ocupar altas posiciones. Gallardo militar, legislador consagrado a sus tareas y estanciero progresista, fue lo que quiso ser. Así nos lo ha contado en sus memorias que escribió exclusivamente para sus hijos, apuntes que estuvieron muchos años en mi poder, por la exquisita cortesía del difunto doctor Lucio Z. Boerr. A esas memorias, no obstante su forma defectuosa y dejando de lado deficiencias de redacción, las conceptuamos como un tesoro de la historia local. Ellas servirán para su biografía en lo que respecta a su actuación lugareña.
 Boerr nació en 1839, siendo su padre Guillermo Boerr, natural de Ostente  (Holanda), quien contrajo segundas nupcias con doña Justina Ramallo, oriunda de Córdoba, siendo bautizado en la parroquia local el día 24 de noviembre de 1839 con los nombres de Juan de la Cruz del Carmen, siendo padrinos Carlos Ramallo y Micaela Ramallo.
 La señora madre de don Carmelo Boerr, doña Justina Cipriana Ramallo y Ferreyra, nació en Córdoba el 26 de septiembre de 1801 y falleció en San Nicolás el 17 de enero de 1868. Era hija de don Lucas Ramallo y de doña Lucia Ferreyra, nacidos en Córdoba. Casóse en San Nicolás en 1839, con Guillermo Boerr, viudo de doña Maria Belén Hernández, que había muerto de escarlatina en 1838, epidemia que asolo este pueblo en ese entonces.
 Su padre, don Lucas Ramallo, fue hasta después de la revolución de mayo, el que gobernaba el departamento del Tío, en la provincia de Córdoba, como capitán de las milicias y como juez pedáneo, y en 1806 le dio al gobierno colonial en merced, una extensión de campo 33 leguas cuadradas, por sus servicios gratuitos de muchos años, en que desempeño funciones policiales y militares, sirviéndose de sus propios esclavos, campos que eran linderos con la Mar Chiquita y con tierras que el poseía, compradas a con Damacio Vélez, en 1804, padre de este el Dr. Vélez Sarfield, nuestro codificador.
 Los indios invadían continuamente por aquella parte en pequeñas partidas merodeadas, y el capitán Ramallo tenia que atender ese servicio, para escarmentarlos, con su propia servidumbre.
 Durante la época revolucionaria ya don Lucas Ramallo se había retirado dela vida activa por su edad, pero sus hijos mayores Polonio, Marcos, Carmen, Pió y Carlos Ramallo figuraban en el partido unitario a partir del año 1820.
 Polonio fue candidato a la gobernación de Córdoba, alcanzando el grado de coronel en el ejército del general Paz y finalmente muerto en la batalla de Sauce Grande en 1842, a las órdenes del general Paz.
 Pió Ramallo, otros de sus hermanos, formo parte de la expedición del general Lavalle en 1839 y 1840 (Biografía de Lavalle por el comandante Pedro Lacasa).
 La familia Ramallo emigro de Córdoba en 1832 a consecuencia de la caída del general Paz, huyendo de las persecuciones de que eran victimas los hombres de miembros de ella, a consecuencia del cambio político operado, viniendo a establecerse en San Nicolás.
 Polonio Ramallo que era comerciante en aquella época, socio del celebre hacendista don Mariano Fragueyro, vecino de Córdoba, compro una estancia en las puntas del arroyo de Pavón en la provincia de Santa Fe, e hizo fosear un espacio para ensenada, guarneciéndola con cuatro piezas de artillería, de las que habían dejado uno de los ejércitos en transito para el interior. Pero las invasiones de los indios por una parte y la guerra civil por otra, despoblaron la estancia por completo, en 1842. Este campo fue después, de la testamentaria de don Diego de Alvear.
 Don Guillermo Boerr, como dijimos al comienzo, era nacido en Ostente en 1789, pasando en sus mocedades a Francia, y cuando Napoleón emprendió la campaña de Rusia, marchando sobre Moscú en 1812, fue don Guillermo agregado a su ejercito, y solía recordad con orgullo que dos veces tuvo ocasión de hablar con el gran capitán del siglo paso, durante aquélla celebre campaña. A los 23 años regreso de aquella guerra y se hizo marino, embarcándose en un velero ingles que casi dio la vuelta al mundo, y se quedo en Filadelfia, donde se naturalizo americano. Hacia 1814 llego a la Argentina, quedándose en Entre Ríos, donde tuvo ocasión de servir al país en la misma fluvial, en una expedición contra piratas y desertores, que invadían las islas y ríos interiores, actuando en las costas del Uruguay, como se comprueba por el pasaporte que original se conserva y dice:

 “El Director supremo de las Provincias Unidas de Sud América. Por cuanto el oficial de milicias de Entre Ríos don Guillermo Boerr, regresa al puerto de Gualeguay, de donde salió en la chalana nombrada La Trinidad, llevando a su bordó un sargento, un cabo y diez soldados milicianos. Por tanto: ordeno y mando a los comandantes de los buques de la marina del Estado, y ruego y encargo a las distintas procedencias no le pongan obstáculo alguno en su viaje antes bien lo auxilien y protejan en los términos que correspondan. Para todo el cual le hice estender el presente pasaporte, firmado de mi mano, sellado con las armas del estado y refrendado por mi secretario de estado en el Departamento de Guerra y Marina. (Hay un sello). Buenos Aires, septiembre 30 de 1818. Por disposición de S. E.; MATÍAS DE IRIGOYEN. Anotado en el Dto. De caballería del Estado Mayor Gral. Vedia”.

 El resultado de la expedición fue halagüeño puesto que tomaron mas de cuarenta piratas y desertores que ambulaban en las costas atentando contra los buques de cabotaje que hacían el escaso tráfico comercial de aquellos tiempos.
 Pero la vida se hacia imposible en Entre Ríos y el estado Oriental, por el sistema opresor de los caudillos Artigas Ramírez, y se vino a San Nicolás, que en esa época y posteriores, era como el puerto de salvación para los pueblos de las costa de Entre Ríos y Santa Fe, de donde venían muchas familias, si como llegaban también huyendo de las persecuciones políticas, de las provincias de Córdoba y Tucumán, a engrosar la masa de población que constituía a San Nicolás en 1820. Poco mas o menos se pueden mencionar como de aquellas procedencias, los apellidos de Vera, Zeballos, Febre, Correa, Ruiz, Basaldua, Bengolea, Reynoso, Alurralde, García, Guiñazu, Acosta, Gimenez, Figueroa, Risso Patrón y otros.
 En 1840 cuando Llavalle pasa por San Nicolás en su campaña libertadora contra la tiranía de Rosas, Sandalio y Luis hijos mayores de don Guillermo Boerr, se entusiasman y se peligran a esta causa, junto con muchos otros de la juventud de este tiempo.
 El gobierno hace tomar presos a todos los que tenían parientes o conexión con los revolucionarios siendo preso don Guillermo Boerr como unitario, embargándosele sus bienes y remitido con treinta y tantos, por la misma causa, con destino a Buenos Aires, como enemigos de la federación.
 Incautado de la casa de si propiedad y de sus enseres el comandante militar de San Nicolás, coronel Jun Antonio Garreton, la destina para sede de la misma. Esta casa llevaba el número 12 de la calle Constitución, hoy Sarmiento y permaneció embargada hasta 1849.
 Don Guillermo Boerr era un hombre enérgico y ambicionaba un porvenir lleno de esperanzas y aun en la vejez no quería permanecer ocioso. Por eso emprende viaje a California en momentos que estaba en su apogeo la fiebre del oro, para procurar fortuna, dejando su familia en San Nicolás. Había sido antes, sombrerero, mueblero, acopiador de granos y hacendado.
  A los dos años regreso acompañado por su hijo Juan, terminando sus días al poco tiempo en le mayor de sus familia, el 19 de abril e 1854.
 Nuestro biografiado, Carmen Boerr, aprendió primeras letras en una escuela de la calle de la Piedad en Buenos Aires, pero antes su madre le enseño a leer y hacer palotes. De regreso en San Nicolás por el año 1849 ingreso a la escuela de Fermín Moreno, español de escasa instrucción pedagógica. Terminados sus estudios elementales su padre lo coloco en un almacén de su propiedad situado en la calle Comercio entre Francia y Urquiza, de donde paso al negocio similar de don Faustino Bengolea, donde se hallaban cuando tuvo efecto la batalla de Caseros y el sitio de Buenos Aires de 1853. Al año siguiente entro al almacén, tienda y barraca de don Bonifacio canelo, situada en la calle de la Nación entre la de Nueve de Julio y San Martín. De allí paso al almacén de don Camelio Alurralde, en la esquina de comercio y 9 de Julio y posteriormente trabajo en una sastrería y ropería que tenia don Trifon Lezica por medio de sus apoderados los señores Narciso Ugarte y Lisandro de la Torre, en calle de comercio entre las de (9 de julio y Lincoln).
 Se retiro de allí por que se liquido la casa y entro en un atienda de don Ladislao Olleros y su hermano Juan José, que era habilitado en dicha casa; tenían dos tiendas: una calle Comercio y otra calle de la Nación, entre Lincoln y 9 de julio.
 Fue don Carmen Boerr, como tantos hombres de aquel tiempo, una autodidacta y en estos años, tras el mostrador iba haciendo su formación intelectual. Tenía verdadera pasión por la poseía, dando a luz sus ensayos en los periódicos locales. Leía con avidez cuanto llegaba a sus manos: “Las Rimas”, de Bartolomé Mitre, las novelas de Mármol, los escritos de Rivera Indarte y de Juan Cruz de Varela, así como diarios y revistas entre las que debemos mencionar a “El Correo de Ultramar”.
 En 1859, cuando la sucesión de Buenos Aires del resto del paíis, Boerr era un literato en ciernes, gran patriota, politiquero “inconsciente”, nos dice, y soldado de la guardia nacional, que no leía otra casa que la prensa partidista inflamada de odio contra la confederación. El personalmente, tenia en que fundarlo; creía sinceramente, que Urquiza y su sistema era la continuación del de los hombres de la tiranía y había experimentado sus efectos en carne propia, porque aquel régimen aniquilo la posición y el bienestar de su familia por la prisión, la confiscación y el embargo del año 1840.
 Producida la guerra en 1859, San Nicolás contribuyo con su batallón del mismo nombre y Boerr deseo incorporarse como voluntario, pero su patrón, don Ladislao Olleros, que a la vez era capitán de la compañía de granaderos, de acuerdo con el jefe del cuerpo sargento mayor Carlos Lezica, le hizo quedar, pero prestando servicios en la guarnición de San Nicolás, y agregado a la infantería que correspondía a la batería “San Jorge”, que tenia por comandante al capitán Olleros y por jefe de la artillería que la defendía, al teniente de artillería de línea, N. Michamberg.
 Cuando se efectuó la Batalla de Cepeda (23 de octubre de 1859) Boerr s encontraba de paseo en la isla de frente a San Nicolás con otros soldados y oyeron los cañonazos de la batalla, e inmediatamente regresaron al puerto cuando tiraban el cañonazo de alarma en la guarnición e inmediatamente tomaron servicios en la batería “San Jorge”, del Alto Verde.
 Cuando al tercer día entraban en San Nicolás los restos del ejército salvados en cepeda, Boerr se hallaba de centinela en la guardia de la batería. Repuesto el ejercito de la marcha de 16 horas, el general Mitre resolvió regresar a Buenos Aires en la escuadra que se hallaba en el puerto, embarcando toda la infantería y artillería. Boerr, que se hallaba en el puerto presencio aquel espectáculo triste, porque iban con el desconsuelo de la derrota sufrida.
 La escuadra de la Confederación en número de once buques le había formado línea de combate en la boca del Paraná, en que este se abre en dos brazos frente a la ciudad de San Nicolás. La de Buenos Aires se fue sobre la escuadra enemiga, procurando un asalto de abordaje, pero aquella se retiro haciendo fuego de artillería e infantería, el que luego se generalizo de una y otra parte, en medio de una fugaz tormenta de verano que hacían mas imponente y majestuoso el cuadro, en que se sucedían los relámpagos de la tempestad y los truenos con los fogonazos de la artillería de amabas escuadras y el estampido a la vez de los cañones.
 El gobierno de Buenos Airea reorganizo en 1860 la Guardia Nacional y Boerr fue nombrado subteniente primero de la cuarta compañía del Batallón de San Nicolás, formando parte del escalafón militar de la nación pues el decreto figura en el Registro nacional.
 Nuevamente agitado por el orden de la guerra, Boerr servia en clase de oficial, montando guardia en la cárcel y en el cuartel del Batallón de San Nicolás. Ya en ese tiempo habría dejado de ser dependiente de la tienda de Olleros, y había entrado de empleado público en la aduana local en el carácter de guarda en la misma. Al iniciarse la guerra era teniente segundo de cazadores y marcho con tal grado a la campaña, después de haber hecho una solicitud al gobierno para que se le concediera la retención del empleo, lo que se le concedió.
 Después de Pavón volvió a su puesto en el Resguardo y funda en 1862 con Juan Lucio Somoza y Emiliano Díaz un periódico manuscrito “El Triste”, satírico y mordaz.
 Declarada la guerra a Solano López y siendo Boerr hijo único de madre viuda, a la cual sostenía con su trabajo, lleno de arrojo y patriotismo se incorpora al ejercito como voluntario y se le nombra capitán de la primera compañía del Batallón San Nicolás de guardias nacionales.
 Manifiesta Boerr en sus Memorias que iba como va el hijo del país, en cumplimiento de un deber para defender la tierra de su nacimiento, pero no con las aspiraciones y la perspectiva del que puede sacar algún provecho de los sacrificios suponiendo que regresara de la penosa y larga campaña.
 En el rió Paraná, frente a la ciudad se varo el vapor que los llevaba y se perdió al ancla, mandando el jefe de la escuadra, coronel Murature, comprar un ancla en la ciudad y se embarco en el mismo acto, conociendo por primera vez a la ciudad de Paraná, habiendo ido con José Pacifico Álvarez, a quien consideraba una de las mejores y mas leales amigos del Batallón.
 Cuando se puso a flote el vapor siguieron viaje, y llegaron a Esquina, donde desembarcaron y siguieron atravesando la provincia de Corrientes en dirección al rió Uruguay en busca de la columna que había desprendido Solano López sobre esa costa, y se incorporaron  a una división oriental que tenia el general Venancio Flores, presidente de aquel Estado, entre cuyos cuerpos estaban el batallón “ Florida”, el “24 de Abril” y alguna artillería, así como caballería e infantería argentina que fue con la que el general Paunero ataco el 25 de mayo a la ciudad de Corrientes, en poder de los Paraguayos.
 Después de la toma de Uruguayana. Boerr relata la revista general del ejercito establecida por la “Orden General” efectuada allí por los jefes de la alianza. Los generales Mitre y Flores llevaban en medio al Emperador del Brasil Don Pedro II, seguido de un numero estado mayor, entre los que iba el ministro de guerra, general Da Silva Ferrar y el Conde D’Eu, casado con la princesa heredera del Brasil.
 Gusto mucho al emperador el ejercito argentino, y especialmente el Batallón “ San Nicolás”, que tenia mas de quinientos hombres formados, y que ese día había recibido uniforme nuevo de paño, azul oscuro con vivos, cabos y franjas punzo, haciendo un avista espléndida por lo vistoso del uniforme, el brillo de las armas; el numero – refiere Boerr- que no lo tenia ningún otro cuerpo del ejercito argentino y la bizarría que mostraba con su banda de música a la cabeza, y que para que impresionara mas favorablemente creo que ocupábamos una lomada o médano, que representaba mas alta la talla de los hombres, que unido a las demás circunstancias enunciadas le daban un aspecto sorprendente, un aire marcial, que impresiono agradablemente al emperador, preguntando que cuerpo era ese tan bizarro y tan lucido!”.
  Cuando al día siguiente tuvo efecto el besamanos (estilo monárquico) es decir la visita de los jefes a cumplimentar al Soberano, al ser presentado el jefe del Batallón “San Nicolás” (Juan C. Boerr) lo saludo con afecto y lo tomo el nombre, manifestando que le había gustado mucho ese batallón que se destacaba por su guardia y porte en la Revista del día anterior.
 Boerr tomo parte en la invasión al territorio paraguayo por el Paso de la Patria, el 16 de abril de 1866 y en la toma del pueblo de San Bentos, en el combate o sorpresa del enemigo el 2 de mayo de 1866, en el reconocimiento del 20 mismo y en la batalla de Tuyuti el 24 de mayo (1866) siempre mandando una compañía del Batallón “San Nicolás”. Participo en el combate 11 de julio contar la caballería paraguaya. En mayo salió enfermo con licencia para Corrientes, regresando después, y finalmente obtuvo la baja que solicito en noviembre de 1867, en que fue a Córdoba y allá tomo parte en el servicio militar como instructor del 2º batallón de Guardias Nacionales de la ciudad, organizándolo en breve tiempo y obteniendo el despacho de sargento mayor de aquella provincia, con fecha 2 de noviembre de 1867.
 En Córdoba contribuyo a sofocar un motín militar que ocurrió un anoche que se sublevo una parte del Batallón Guardia Provincial y halándose en el Cabildo accidentalmente, tomo de hecho el mando de la guardia, con la que resistió la invasión de los sublevados y defendió la cárcel que querían abrir para sacar los presos. Su conducta fue reconocida y recomendada en al Orden del Día por el gobernador Julio de la Peña.
  Fue secretario del club social y de la biblioteca publica que presidiera José francisco Benítez en 1872.
 En el año 1876 estuvo iniciado en la revolución que debió efectuarse con éxito, y al efecto tenia doscientos hombres en la estancia de don Tomas Acevedo, pero fue disuelto cuando se supo la conciliación política del mismo año, que puede decirse que termino cuando ocurrió la muerte de Adolfo Alsina, que era el caudillo popular que dirigía una de las fracciones o partidos en lucha, que se denominaba autonomista.
  Colaboro en “ El Norte de Buenos Aires”, sobre temas de historia local. En 1880 fue juez de paz sustituido y contribuyo al embellecimiento de templo local.
 Coopero en el movimiento del año 1890, ofreciendo y entregando cincuenta fusiles sistemas máuser que poseía como reserva de restos de armamentos que recogiera de la Guardia Nacional en 1880, y los entrego a Fermín Rodríguez y Martín Martínez, presidente y vice del club Parroquial de la Concepción, en Buenos Aires. El 26 de julio a las 9 de la mañana fue al Parque y entro junto con Luis G. Pintos, habiendo permaneció hasta las 4 de la tarde, hora en que se retiro porque no le satisfizo la organización ni la actitud de los jefes de la revolución.
  En 1894 fue nombró comandante de la Guardia Nacional de Pergamino por el gobierno del Dr. Guillermo Udaondo practicándose el primer enrolamiento en 1895 y el segundo en 1897,- con 2800 y 2516 guardias nacionales, respectivamente, explicándose esta disminución  porque la ley modifico las condiciones de la edad para enrolarse.
 En 1895 había el temor de que estallará la guerra con Chile y se principio a organizar la guardia nacional en la Republica y Boerr reorganizo en Pergamino un batallón de 300 hombres de la activa. En 1896 eran 700 hombres.
 En 1894 resulto electo senador provincial, como representante de la segunda sección electoral por el partido mitritas ( Unión Cívica Nacional) donde trabajo activamente en el estudio de diversos proyectos; y entre las leyes de que fuera iniciador se encuentra la de extinción del abrojo grande que tan importantes servicios significo para el país. Fue poseedor de una estancia en el partido de Pergamino.
 Carmen Boerr falleció en Buenos Aires el 22 de noviembre de 1905. Era casado con doña Carmen Pérez Olleros, nativa de San Nicolás, hija del mayor uruguayo Marcelino Pérez y de Felisa Olleros, también de San Nicolás.
 Sus hijos fueron: Rafael, Lucio A., Emilio M., Marcelino, Maria J. Boerr de Rodríguez y Carmen Boerr de Boveda.
 Al morir “La Prensa” dijo el 23 de noviembre de 1905: “Otro viejo actor de nuestras luchas internas que se va, cumpliendo las leyes inmutables del destino: El Ejercito pierde con el un bravo que supo mantener incólume a través de su carrera, la integridad del ciudadano y la severa rectitud del soldado”.
 

Boerr, Juan C.

 

 Militar. Nació en San Nicolás de los Arroyos el 11 de agosto de 1830 y Bautizado el 19 del mismo, era hijo de Guillermo Boerr, natural de Ostende (Holanda) y de Maria Belén Hernández.
 Se incorporo al ejército como soldado voluntario de Guardias Nacionales el 20 de diciembre de 1852, a los defensores de Buenos Aires contra las fuerzas sitiadoras del coronel Hilario Lagos, hasta su terminación, en el cantón que mandaba el Dr. Adolfo Peralta, comandante después del escuadrón de Dragones de San Nicolás.
 En noviembre de 1854 fue nombrado en San Nicolás teniente segundo de la Guardia Nacional, de las que era jefe el mencionado comandante Dr. Peralta y Comandante Militar del pueblo el coronel Juan Susviela, y persiguió a los dispersos del combate del Tala en la costa del Arroyo del Medio, con un piquete de Guardias Nacionales del Regimiento de Caballería del comandante Dionisio Espíndola, haciendo algunos prisioneros.
 El año 1857 ascendió a teniente primero y dos años después a capitán. Con esta graduación se batió en la batalla de Cepeda, donde por su arrojo y energía mereció ser consignado en el parte respectiva, en forma especial.
 El Batallón San Nicolás formo cuadro para resistir a la caballería conferida, sin resultado, por verse envuelto por el desbande del batallón “Norte”, ocasionando la perdida de la formación. Solamente la campaña que mandaba este distinguido oficial pudo conservarse intacta, gracias a su esfuerzos; y personalmente hirió a un sargento y a u cabo de ella, los cuales instigaban a sus subordinados al desbande, consiguiendo con tan enérgica conducta salvar al estandarte de su cuerpo.
 Mereció mencionarse en el parte de la acción también la actitud oportuna, en el mismo sentido, del teniente Meliton Cernadas.
 Con mas de cien hombres, entre oficiales y tropa, se embarco en los vapores” Guardia Nacional” y “ Rió Bamba”, asistiendo al combate naval librado el 25 de octubre de 1859 frente a San Nicolás cuando la retirada y embarque del ejercito de mitre después de Cepeda.
  Durante el sitio de Buenos Aires estuvo acotando en la plaza de la Concepción prestando servicios en el tercero de infantería, asistiendo casi todos los días a los inevitables combates con el enemigo que se originaban al proteger el corte de pasto en la quinta de Horne.
  Firmada la paz por el pacto de San José de Flores ( 11 de noviembre de 1859) Boerr regreso con su tropa a San Nicolás embarcándose en el vapor “Ultram”, portador de un pliego cerrado del Ministerio de la Guerra que no debía abrir sino a su llegada, y que no llego a conocer porque se perdió junto con su equipaje al producirse la explosión de las calderas de dicho vapor, ocasionando 22 bajas ( 4 oficiales y 18 soldados), entre los que se encontraba el abanderado Francisco Díaz, distinguido oficial muerto a los 18 años muerte que en su hora conmovió a Buenos Aires.
 Boerr quedo con una mano herida y la cara quemada, rehusando los ofrecimientos que para atenderle en sus respectivas casas le hicieron don Félix Frías y el coronel Wenceslao Paunero, prefiriendo atenderse en el hospital con sus compañeros heridos.
 El 12 de mayo de 1860 fue ascendiendo a capitán de la primera compañía del Batallón “San Nicolás”; y el 29 del mismo mes y año, se le entregaron los despachos de teniente coronel de guardias nacionales y jefes del referido cuerpo, con la orden simultanea de proceder al nuevo enrolamiento y organización de la guardia nacional y revistando en el  ejercito y prestando servicios como segundo jefe del punto, del cual era entonces comandante militar, el coronel Bruno de la Quintana.
 En 1861 Boerr recibió órdenes de movilizar la guardia nacional, de la que formo dos batallones, dejando uno en San Nicolás, con guarnición de trescientas plazas, a las ordenes del mayor Gerardo Palacios, y con el otro batallón, de cuatrocientos hombres, marcho el teniente coronel Boerr a la campaña de Pavón, participando en la batalla del 17 de septiembre, formando brigada con el cuatro de infantería de línea que mandaba el teniente coronel Faccio.
 En el conflicto de la triple alianza le cupo a Boerr el honor de comandar el batallón “San Nicolás” por orden del Gobierno, pasando a formar parte de la división del general Emilio Conesa, en número de 508 plazas y 28 oficiales.
 Embarcado en San Nicolás el 3 o 4 de junio de 1865 con destino al puerto de Esquina, incorpórese a la 1º Brigada de la primera División del primer Cuerpo de Ejercito a las órdenes del general Paunero.
 El General Garmendia escribió:

 “El Batallón “San Nicolás” guardo incólume su honor, su honor de cuerpo; porque guardo su bandera, aquel hermoso estandarte bordado por bellas damas, asociando así el culto de la mujer al culto de la patria, y desde ese momento sus pliegues fueron la sombra en  la que se cobijaron los bravos.

 “Formando de las milicias del pueblo nicoleño, constituyo una fuerte unidad de combate, siendo una parte de los ejércitos que combatieron en Cepeda y Pavón. Al iniciarse la campaña le toca con el primero de línea formar la primera brigada de la división del general Paunero.

 “En Curupayti la metralla lo diezma y su bandera cambia de héroe  a cada momento. En el primer avance conduce la bandera gallardamente al asalto al alférez Luis Guiñazu, joven perteneciente a una distinguida familia arroyera; herido este oficial, lo reemplaza al alférez Bermúdez; al flamear en pendón de la patria, una bala de cañón lo hace pedazos y su sangre mancha el paño sagrado, como para que quede allí estampada esa fecha inmortal; entonces el teniente Miguel Auli arranca la destrozada enseña y la lleva oprimida sobre su pecho, hasta el final del combate”.

 Sepan los oficiales y soldados del ejercito argentino imitar este ejemplo cuando llegue la hora de la prueba y la patria confié en sus brazos fuerte.

  Esta gloriosa enseña, la primera enarbolada en el suelo paraguayo, fue bordado por la señora del coronel Juan Carlos Boerr doña Delfina Ramallo y por la presidenta de la Sociedad Damas de caridad, doña Vicenta González de Fernández distinguida matrona perteneciente a nuestras antiguas familias. Esta bandera, hoy perdida, había flameado también en Cepeda y Pavón.

 En la batalla de Yataray, librada el 17 de agosto de 1865, Boerr recibió orden del general Paunero de ocupar del pueblo del mismo nombre y establecer la policía con su batallón y al día siguiente, embarcado en un buque de guerra brasileño, persiguió algunos dispersos que se había refugiado en una isla, tomando algunos prisioneros.
 Participo Boerr en la toma de Uruguayana el 18 de septiembre, y con el Batallón “San Nicolás” fueron los primeros en poner pie en el territorio paraguayo, el 16 de abril de 1866, cruzando al rió Paraná por el Paso de la Patria, siendo la bandera de este batallón la primera del ejercito Aliado que flameo en el suelo enemigo. Perteneciente a la reserva del ataque que llevo el general Osorio, del ejército brasileño a las órdenes del general Venancio Flores, formo la vanguardia del desembarco. En tal carácter asistió a la toma de las fortificaciones de Itapuru, el 17 de abril.
 El Batallón de Boerr actuó de vanguardia en estero Bellaco (2 de mayo), así como también en el combate del día 20 y en el reconocimiento que se hizo el día 22 sobre los flancos derecho e izquierdo del enemigo.
 En la batalla de Tuyuti, el 24 de mayo del mismo año, le cupo el honor de batirse con su cuerpo en tres puntos distintos: 1º en protección del tres de infanteria2º, en la línea de batalla, y 3º a la izquierda, donde fue mandado por el general Rivas en reemplazo del quinto de la línea, que mandaba el general Benjamín Victorica, donde por lo recio de la lucha perdió numerosos hombres. La orden general después de la batalla de Tuyuti consigna un  especial para el jefe del batallón San Nicolás.
 Se batió con valor en Yatayti Cora, combate en el cual en un segundo ataque el comandante Boerr rescato los heridos del primero de línea que habían caído en manos del enemigo en la retira de las fuerzas aliadas; causa por la cual los oficiales y sargentos de este ultimo cuerpo mandaron hacer a corrientes, un Nº 1 de la Plata que ostentaron después en sus Kepies los oficiales y tropas del comandante Boerr. Por su comportamiento se hizo acreedor a las felicitaciones de sus superiores.
 Se hallo en el combate del Boquerón el 18 de julio de 1866 en donde protegió al batallón del comandante Mansilla, atacado por la caballería paraguaya sobre el flanco derecho de los aliados.
 Se hallo en el asalto de Curupayti, el 22 de septiembre, donde el batallón “San Nicolás”, según se ha dicho, tuvo 130 bajas entre oficiales y tropa.
 La salud quebrantada del comandante Boerr motivo la Orden Superior de que regresar a Buenos Aires para su curación, quedando a cargo del batallón, el segundo jefe, mayor retolaza, pasando después a su jefatura del teniente coronel Juan Lucio Somoza.
 El 21 de agosto de 1867 le fue reconocido su empleo de teniente coronel en el ejército de línea. En agosto de 1869 solicito su alta para regresar al Paraguay, pero recibió orden del Ministro de la Guerra, coronel Martín de Cainza, de marchar a Córdoba, poniendo a sus ordenes el regimiento de artillería que mandaba el entonces comandante Viejobueno, y el de caballería, a las ordenes del comandante Ramos; cuerpos que quedaron en Villa Maria, mientras Boerr paso a la capital de la provincia, a organizar dos batallones sobre la base de uno existente en Córdoba, con los cuales formo un cuerpo de ejercito que debía conjurar el movimiento que hacían desde Santiago del Estero, los Taboada, sobre la provincia de Córdoba, cuerpo que estaría a las ordenes del gobernador de esta, Félix Peña. Esta reunión de fuerzas inmovilizo a las santiagueños, y la comisión del comandante Boerr ceso el mes. En agosto de 1869 fue ascendido a coronel graduado.
 De regreso a Buenos Aires se le confió la jefatura de la frontera oeste de la provincia de Buenos Aires, donde se dejo sentir pronto la influencia organizadora de Boerr, quien hizo construir cuartel, hospital, edificio para la comandancia y detalla, una fortificación para dos mil hombres, doce fortines, confeccionando una reglamentación de descubiertas que proporcionaban los partes diarios de toda la línea. El 9 de noviembre de 1869 se había hecho cargo de sus nuevas funciones en “Médano de la Estaca”, con la misión de dominar la sublevación de Lancahue, y formar una nueva línea fronteriza, que arrancaba de 9 de julio, de acuerdo al plan trazado por el coronel de ingenieros don Juan F. Czetz, bajo cuya base fundo el fuerte General Paz y los 12 fortines mencionando en una línea de 28 leguas de extensión, cuya organización de defensa fue reglamentada por el propio coronel Boerr. Libro, entre otras, la violenta batalla de San Carlos destinadas a contener la invasión de indios más grande de que se tenga memoria.
 En 1870 dividió la tribu de Raliqueo y Coliqueo en dos partes separados por una distancia de 18 leguas de una tribu a otra. La de Raliqueo fue ubicada en los “Campos de la Verde”, solicitando al gobierno la posesión, donde fundo una escuela con edificio de material y fomentando la agricultura y hacienda servir a los indios por destacamentos mensuales en la línea fronteriza.
 El año 1871 peleo con la división del coronel Elías contra los caciques Chipitrus y Manuel Grande en la frontera Sus, que contaban seiscientas lanzas y otro tanto de chusma. Boerr con su división les dio el alcance cerca del Guamini, donde fueron rendidos y conducidos a la frontera Oeste con los arreos que llevaban. El 8 de marzo de 1872 libro una batalla terrible en el fuerte San Carlos (hoy bolívar) auxiliado por el general Rivas, poniendo en fuga a Calfucura que lo había sitiado. El mismo año 1872 fue dado de baja en virtud de las continuas renuncias que hizo de la comandancia en jefe de la frontera, siendo subrogado por el coronel Hilario Lagos, pasando el 12 de septiembre del año referido a la plana mayor activa, hasta el 11 de octubre de 1874 en que fue dado de baja por considerársele complicado en el movimiento revolucionario de aquella fecha, siendo reincorporado el 8 de octubre de 1877 a la plana mayor disponible; pero por la misma causa fue dado de baja el 9 de junio de 1880.
 Reincorporado al servicio el 4 de agosto de 1883 paso a revistar en la plana mayor disponible hasta el 1 de enero de 1885 en que fue destinado al estado mayor de reserva, en el cual, el 19 de diciembre del mismo año, fue promovido a coronel efectivo, con la antigüedad de su grado.
 El 1 de febrero de 1886 paso a la lista de oficiales superiores en cuya situación de revista ejerció el cargo de gobernador de la Penitenciaria Nacional desde octubre de 1893 hasta el 16 del mismo mes del año 1895, en que paso a retiro militar con 48 años, 8 meses y 6 días de servicios aprobados, y 26 años en el grado de coronel.
 En 1888 era presidente de la primera Asociación de Residentes de San Nicolás de los Arroyos en la capital federal.
 El 15 de octubre de 1905 atentas las normas del art. 19, capitulo VI,  Titulo III, de la ley 4707, se le otorgo el sueldo del grado inmediato superior.
 Sobre su pecho ostentaba la medalla oriental por la batalla de Yataray; la brasileña por la toma de Uruguayana; la de plata argentina por la terminación de la guerra del Paraguay; la brasileña por la misma causa y la discernida por el gobierno de la provincia de Buenos Aires; el cordón de Tuyuti y el escudo de Curupayti. Hacemos votos porque sus restos retornen el pronto a la tierra natal y entrena formar parte del futuro panteón de las glorias San Nicolás. Indiscutiblemente lo merece porque fue uno de sus varones esclarecidos que brindo su vida toda de soldado al servicio del país.
 Falleció en Buenos Aires el 7 de junio de 1908, efectuándose el entierro en la Recoleta donde hicieron uso de la palabra el general Justo Sócrates Anaya, en nombre del Centro de Guerreros del Paraguay, y el coronel Salvador Tula, quienes recordaron las brillantes acciones militares del coronel Boerr.
 Es otro de  los tantos veteranos de nuestro ejercito que vivieron el cuadro de la abnegación y del sacrificio y que después de exponer su vida en numerosos combates, desaparece de la escena dejando un nombre sin macula, dijo “La Prensa” del lunes 8 de junio de 1908.
 Sus hijos eran: Luis M. Juan B., Delfina Boerr de Savignon y Ana Maria Boerr De Pero. 

 

Bogado, José Félix 

 El coronel José Félix Bogado fue humilde hijo de las misiones guaraníticas que iniciara la carrera delas armas en San Lorenzo como soldado raso, y regresara del Perú en julio de 1826 como jefe del regimiento de granaderos a caballo, donde había servido siempre.
 Tal circunstancia especialísima mereció a Mitre en su “Historia de San Martín”, el siguiente comentario.
 “Para que ningún accidente dramático faltase a este pequeño aunque memorable combate de San Lorenzo, uno de los presos canjeados por el enemigo fue un lanchero Paraguayo José Félix Bogado, que en ese mismo día se alisto voluntariamente en el regimiento de granaderos a caballo. Este fue el mismo que trece años después fue elevado a la categoría de coronel, regreso a la patria con los sietes últimos granaderos fundadores del cuerpo que sobrevivieron a las guerras de la revolución desde San Lorenzo hasta Ayacucho”.
 ¿ Que suerte corrieron los demás que habían salido un día a realizar mandatos que le imponía la patria y de que era portador San Martín? Se los llevo la muerte que ellos desafiaron siempre sin un minuto de desmayo, a través de una vida de sinsabores y de gloria.
 Conducidos por estos restos gloriosos venían los sargentos traidores de la sublevación del Callao, Muñoz, Molina y Castro, y que la capitulación de Ayacucho puso en manso del ejército patriota, los que fueron ahorcados en la Plaza del Retiro el 25 de noviembre de 1825.
 “La Gaceta Mercantil” del 17 de enero los había saludado con estas palabras”.
  “Tenemos el honor de haber recibido los restos del Ejercito de los Andes, conducidos desde el Perú por el coronel de granaderos a caballo D. Félix Bogado. Cerca de  nueve años han pasado desde que estos valientes marcharon a libertar a Chile. En este largo periodo se pueden contar los días con gloria que han dado a la patria, por las veces que se han batido con nuestros enemigos. Nuestra gratitud será siempre demostrada a estos viejos solados de la libertas con las mas tiernas efusiones de nuestros corazones. Eternamente llenaremos de bendiciones a los héroes de Chacabuco y Maipo; si, a esos que han conducido en triunfo el pabellón argentino hasta Quito y que han sabido derramar su sangre por la libertad de la patria en Junín y Ayacucho. Nosotros al verles, siempre diremos con admiración: He aquí: esos sallaron con su sangre y sus espadas la libertad de su patria y sus nombres Irán de padres a hijos, de generación en generación”.
 Bogado continuo figurando al frente de la División de los Andes hasta que fue disuelta por orden del gobierno nacional, pasando a principios del mes de julio de 1826 a la plana mayor. Con fecha 22 de julio del mismo año fue nombrado jefe en comisión del 4º regimiento de caballería de milicias en reemplazo del coronel D. Hipólito Videla, separándose de sus antiguos compañeros de armas con la siguiente proclama, sencilla y sincera: “Amigos y compañeros de armas: Destinado por el Superior Gobierno de la Republica a mandar el regimiento Nº 4 de la campaña, vuestro coronel os dirige el mas tierno y afectuoso adiós. Esta es la primera vez que con el sentimiento mas profundo tengo que despedirme de un regimiento en que siendo uno de los simples soldados pundonorosos llegue a obtener el mando honroso de coronel sin que en trece años de servicios todos en campaña, os haya causado mi conducta el menor motivo de sentimientos. Mis amigos: la subordinación, valor, disciplina y confianza con que habéis excitado las admiraciones todas partes es lo único que os recomienda vuestro antiguo camarada. Estas son las cualidades que deben lisonjear a todos buen soldado y con las que descansan las glorias que adquirió nuestro cuerpo desde Montevideo hasta los Andes, y desde estos hasta el Chimborazo, en San Lorenzo, Putaendo, Chacabuco, Talcahuano, Maipo, Bio-Bio, Paso, Pisco, Mirave, Rió Bamba, Pichincha, Junín y Ayacucho, a mas de otros muchos en que se condujo de una manera siempre prodigiosa: y la consideración y aprecio del pueblo generoso a quien servimos y defendemos y en cuya libertad han tenido una gran parte nuestros esfuerzos. Adiós, mis amigos...Cualquiera que sea la distancia que nos separe, no olvidéis  a vuestro coronel y ocupadle con aquella confianza que inspira un jefe que no reconoció otro estandarte que el que lleváis...Si este recuerdo me obliga a verter lagrimas, serán enjugadas con el consuelo de la obediencia y, lo que es mas, si consigue saber que merece vuestro aprecio y memoria”.
 A fines del mismo año hizo la campaña del sur, contra los indios, bajo la dirección de Rauch, que dio tan buenos resultados, pasando enseguida con su regimiento a la guarnición de los pueblos de San Nicolás, Arrecifes, Salto, Zarate y San Pedro, donde mantúvose todo el año 1827, hasta mayo de 1828, que fue reemplazado bajando a Buenos Aires para revistar como coronel de la plana mayor general, por estar terminada su comisión.
 Así permaneció hasta el motín del 1º de diciembre de 1828, formando entre los sublevados de ese día en la plaza de la Victoria. En seguida marchó con las fuerzas de Lavalle, Batiéndose el 9 de diciembre, contra el ejército del gobernador Dorrego.
 Después de la tragedia de Navarro, se separo de sus compañeros, permaneciendo en su casa hasta el 19 de mayo de 1829, en que fue nombrado comandante militar de San Nicolás “para la seguridad y defensa del referido punto y a fin de que hostilice al enemigo por todos los medios posibles, facultándolo ampliamente para ello, recomendándole, especialmente, que dedique su celo para establecer el orden publico”.
 En San Nicolás sirvió hasta fines de septiembre de 1829, en que fue reemplazado por el comandante Cipriano Zeballos, en virtud de encontrarse enfermo.
 El coronel José Félix Bogado rindió su vida al servicio de la patria el 20 de noviembre de 1829 en San Nicolás de los Arroyos, donde sirviera destacadamente como comandante militar. Los últimos días de su vida fueron de homérica lucha. En efecto: en 1829 el general Estanislao López declaro la guerra a Lavalle, a raíz de la tragedia muerte de Dorrego, mandado a fusilar por su orden. Invade el territorio de Buenos Aires y derrota a Lavalle en el puente de Márquez (26 de abril de 1829). Toda la campaña se puso de parte de Estanislao López. El pueblo de Pergamino hizo lo propio al legar allí las tropas el 10 de abril de 1829, desconociendo al autoridad de Lavalle. Su milicia se incorporo al ejercito en numero de 71 hombres de tercerola y sable, bien municionadas y una carretilla cargada de pertrechos de guerra. Levo, presos además, al mayor ayudante del regimiento de milicias, al  alcalde y al juez de paz del pueblo, quedando este a cargo del capitán de milicias del punto, Juan Bautista Martínez, con la misión de proteger a los pueblos de Rojas y Salto.
 El 11 de abril, Estanislao López se encontraba acampando en el Arroyo Ramallo y el 16 estableció su cuartel general en el Tala, partido de San Pedro, donde comunica a la Representación Nacional reunida en Santa Fe, que los pueblos de Salto, Arrecifes, Rojas, San Pedro Y Baradero, han tenido igual pronunciamiento que el de Pergamino, negando obediencia al general Lavalle.
 Uno de los lugartenientes de López Facundo Borda, puso sitio a la ciudad de San Nicolás, lo que resistió heroicamente a las órdenes del coronel Bogado, durante ocho meses, soportando la población con paciencia y heroicidad el hambre, las privaciones y los continuos incendios que arrasaron sus mejores edificios, sin que el enemigo pudiera rendirla, permaneciendo fiel a Lavalle.
 En esas circunstancia rindió su vida al coronel Bogado, de resultas de una enfermedad contraída en actos de servicios, de los “pulmones dañados”, dice la partida de defunción.
 Era, según el testimonio de un contemporáneo, el general Frías, de regular estatura, grueso, de color pálido, ojos negros y mirada muy viva, nariz recta, boca regular y cabello negro. Usaba la barba como casi todos los guerreros de la época es decir, bigote, mosquita y patillas a la española. Era lo que se llama un buen mozo y a pesar de ser grueso, su figura a caballo era gallarda, pues fue muy jinete.
 Valiente, pundoroso, honrado, rígido y austero en el cumplimiento del deber, era generoso y desinteresado su corazón como su bolsillo, al decir del general Geronimo Espejo, que fue su biógrafo (1). 

 (1) También publico su biografía D. Adolfo P. Carranza, en 1885. 

 Varón magnánimo y patriota fervoroso, partencia la escuela de San Martín y cayo en los mejores años de su vida ardorosa y lidiadora, cuando solo contaba 52 años. La patria le debe-dice José Juan Biedma- gratitud: la posteridad su justicia y el ejercito argentino, en que fue modelo de soldado, el amor y el respeto que inspira su gloriosa memoria.
 Esbozada, así, a grandes rasgos, su figura, consideremos algunos episodios de su vida militar.
 En junio de 1820, cuando ya el Ejercito Libertador se aprestaba para al gran campaña del Perú, Bogado recibe su nombramiento de capitán. El 8 de septiembre pisa el imperio de los Incas, y ya no tendrá descanso su caballo ni su espada hasta la jornada de Ayacucho, que acaba con la dominación española en América. Bajo las ordenes de San Martín entra en Lima libertada, se bate ante los castillos del Callao, anda por las sierras escarpadas; después, cuando el general se retira del Perú, hace las tristes jornadas de Torata y Moquehua y esta a punto de perder la vida, extraviado con trescientos granaderos, en las arenas del desierto de Pisco.
 El mayor José Félix Bogado al frente de un escuadrón de granaderos sorprendente en Pisco una avanzada realista y después de batirlos, vuelve a su cantón con dos tenientes coroneles, tres capitanes, cinco oficiales y 90 soldados prisioneros. Poco después es reconocido como jefe del regimiento. En febrero de 1824, mientras guarnece Cañete, tiene lugar la sublevación del Callao. Los soldados de granaderos apresan a los jefes oficiales y se trasladan a unirse con sus camaradas. Cuando se dan cuenta de que se trata de una traición, los libran, correspondiéndole a Bogado salvar cien jinetes y llevarlos hasta Lima.
 En el norte del Perú se preparaba el ejército de Bolívar. Allá fue Bogado con un centenar de granaderos, complementando un escuadrón con otros pocos que reunió el comandante Alejo Bruix. El 6 de agosto, la espada del “Guayreño” salió cubierta de sangre de la llanura de Junín.
 Dos meses después del coronel Bruix se separa de los granaderos. Bogado, el paraguayo, es designado por Sucre para seguir al frente del escuadrón. Carga por última vez en la batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824.
 Dos hazañas de esta vida legendaria relata Leopoldo R. Ornstein, en la “Historia de la Nación Argentina”, tomo VI, Segunda Sección, Buenos Aires, 1947, pagina 107, ocurridas durante la campaña del sur de Chile de Talcahuano, realizada por O’ Higgins: “El 2 de agosto de 1817 se supo por un paisano que, durante la noche anterior, habían salido de Talcahuano dos botes para procurarse víveres en la costa de Penco. Con el objeto de explorar esa zona y sorprender a la tripulación de los mencionados botes fue destacado el alférez José Bogado con 30 granaderos a caballo. Este destacamento marcho a Penco, sin hallar vestigios de las embarcaciones denunciadas; pero el día 5 capturo a un comisionado español que efectuaba compras de víveres en ese lugar, para entregar, según se supo, a unos lanchones de la fragata” La Venganza”, que arribarían oportunamente y de acuerdo con señales convenidas de antemano.
 El 8 de agosto fue avistado uno de los lanchones. Bogado hizo las señales correspondientes y embosco su tropa para intentar una sorpresa. La tripulación no desembarco como se esperaba. Solo bajaron a tierra cuatros hombres y botes. El lanchón navegaba por un lugar de aguas profundas; de modo que los caballos de los granaderos nadaban ya antes de alcanzar a aquel. Venciendo el oleaje, estros extraordinarios jinetes se aproximaron al lanchón y entablaron una curiosa lucha con los tripulantes, entre los cuales causaron grandes estragos, obligándolos a remar furiosamente para poder distanciarse.
 De regreso a la costa, Bogado se apodero de una considerable cantidad de víveres, que el comisionado capturado anteriormente había acopiado en ese paraje, y la envió a Concepción. En este combate, los patriotas no perdieron ni un solo hombre”.
 Con respeto al combate del Cerro Manzano, la misma obra expresa: A principios de septiembre, O Higgins se entero de que el jefe enemigo destacaba, diariamente, fuertes partidas de exploración hacia el campo patriota. En algunas ocasiones, estas patrullas se aproximaban hasta el cerro de Los perales.
  Con el propósito de terminar con estas incursiones, el jefe de la División del Sur ordeno a Freire que, durante la noche del 9 de septiembre, marchase con el 3er. Escuadrón del Granaderos a Caballos que comandaba Escalada, a situarse en los medanos de San Vicente, aprovechando la oscuridad, y esperarse allí la salida de las fracciones enemigas para sorprenderlas, cortándoles la retirada a la plaza.
 Al amanecer del 10, Freire alcanzo el lugar indicando, donde se mantuvo oculto favorecido por la neblina que, generalmente, se asentaba en la zona de los pantanos.
 A la hora acostumbrada, vióse salir de la fortaleza una partida de 25 hombres. Con todo sigilo, fue seguida a distancia por el alférez Bogado con 20 granaderos. Entretanto, Freire con el resto del escuadrón se emplazo detrás de las casas del Manzano, sin ser descubierto.
 Un ahora mas tarde, apareció una nueva fracción realista de 30 jinetes, las que, después de bordear el Manzano, se encamino hacia La Loma. En ese instante, el jefe patriota, que ya había adoptado sus disposiciones, dio la señal de ataque, Bogado cargo contra la primera partida adversaria. Escalada trepo por el cerro Manzano con la mitad del escuadrón y se lanzo sobre la segunda, frontalmente, mientras Freire con el resto del escuadrón se desplazo hacia un flanco y cargo, simultáneamente, sobre la retaguardia de esta última.
 Desde la plaza intentaron proteger a los jinetes españoles: pero todos los esfuerzos resultaron inútiles. A pesar del fuego que abrieron las baterías, los granaderos ultimaron a ambas partidas y se replegaron hacia Concepción”.
 Y no era para menos. Se abrigaban doradas, promisorias esperanzas y se tenia un inmejorable concepto sobre los granaderos armas en San Lorenzo. De carta subscripta en Buenos Aires a 1º de septiembre de 1812, publicada en “Aurora de Chile”, Nº 33, el 24 de diciembre, tomamos del siguiente párrafo: “ El nuevo Regimiento de Granaderos a Caballo se incrementa aceleradamente y su nueva táctica y disciplina hasta hoy desconocida en América, concilia respeto y fixa dignas esperanzas. Las primeras familias se disputan ya el honor de ingresar en este cuerpo con preferencia a sus hijos” (1).
 Realmente extraordinarias son las circunstancias en que Bogado desempeña la comandancia militar de San Nicolás. Transcurre penosamente el año 1829. Flageada la ciudad por la montonera; soporta el sitio con estoicismo.

 (1) Durante el paso de la Cordilleras, Bogado asistió el 6 de febrero al combate de Las Coimas, en que Necochea con 110 hombres batió a 300 que mandaba el coronel Atero, cuya tropa hallo su salvación bajo los fuegos de la artillería e infantería, posesionadas de los cerros de Las Coimas, pero dejando sobre el campo treinta muertos y varios prisioneros.

  Este golpe decidió, según Mitre, la campaña preliminar del paso de los Andes, agregando que fue tal el pánico difundido por la gallardía de los granaderos que los derrotados contaban despavoridos haber sido acuchillados por unos hombres muy jinetes, con unos sables tan largos y tan afiliados que ni todo la caballería de Chile habría podido de tener su empuje”.

 Contribuye al éxito de la resistencia el auxilio de la escuadra al mando del comodoro Rosales, impidiendo el bloqueo por agua y contribuyendo con algunos víveres para la plaza sitiada.
 El gobierno del general Lavalle le extiende a Rosales el 12 de enero de 1829 despachos de coronel graduado y le encomienda la escuadrilla destinada a transportar tropas y elementos de guerra hasta San Nicolás. Rosales izaba su insignia en la “Sarandi” y tenía a sus órdenes las cañoneras 4, 5, 6,7 y 13.
 El comodoro Antonio Somellera, 2º comandante de la cañonera Nº 6- y que ha relatado los sucesos- tomaba parte desde enero de 1829 de la escuadrilla al mando de Rosales que opero en el Rió Paraná durante nueve meses, asistiendo a las acciones habidas con las fuerzas que defendía Rosario, Rincón de Colastine, Bajada del Paraná y San Pedro, concurriendo también al desembarco efectuado por el coronel Isaac Thompson en Carcaraña.
 Los cuerpos de ejercito que guarnecían a San Nicolás estaban constituidos por el regimiento 2º de Cazadores, al mando del teniente coronel Luciano de la Cruz, otro de caballería de línea que mandada el coronel Isidoro Suárez, una división de infantería a cargo del coronel Vilela y un regimiento de húsares y la caballería al mando del valiente capitán Yacas.
 De nuevo se registra en San Nicolás un hecho parecido al ocurrido en 1820. Dice el comandante Somerella que el coronel Acha había estado situado en el pueblo de Salto y, por una rara coincidencia, su señora había quedado en esa población, mientras que la señora del comandante sitiador. Facundo Borda estaba en la ciudad sitiada, donde había nacido, está circunstancia forzó a que se propusiera el canje, lo que se acordó fijándose el día.
 Legado el termino señalado, se efectuó lo convenido bajo la garantía de la bandera parlamento; todo se hizo sin entorpecimiento, solamente que un carretón que conducía el equipaje del coronel Acha, se retardo quedándose a esperarlo el mismo Acha, el comandante Melian y los capitanes Ploe y Arana juntamente con el sitiador Borda, sus ayudantes y algunos otros individuos. Esto sucedía a unas pocas cuadras del sitio donde se encontraban ambas fuerzas. Las de la plaza sitiada allí habían concurrido, las formaban un escuadrón mandado por el mas tarde coronel Granada, y a la izquierda estaba situado un grupo de curiosos.
 Los montoneros empezaban a aumentar considerablemente su numero, reuniéndose con malas intenciones de a grupos aislados y pequeños, preparándose para consumar un ardid. El coronel Melian sospecho la traición que se estaba por tramar, e hizo una señal al coronel para que se apercibiera; apartándose del grupo inmediatamente Acha dio vuelta y coloco su hermoso caballo parejero con dirección al camino que conducía al pueblo, pero al hacer está operación era atravesado por una traidora lanza. Con el golpe cayo sobre el pescuezo del caballo que sintiéndose aguijoneando por las espuelas, echo a correr velozmente. El comandante Melian se coloco al lado del ilustre herido y evito que cayera al suelo. Los capitanes Bloch y Arana cuando quisieron alejarse, fueron ultimados bárbara y horriblemente, sin que el escuadrón que mandaba Granada, en presencia de semejante hecho, se moviera a repelerlo.
 Debemos lamentar que los restos de Bogado, sepultados el 21 de noviembre de 1829 en el cementerio de la parroquia de San Nicolás, “ con Posas, oficio mayor cantado y misa solemne”, se hayan perdido para siempre tal vez al trasladarse sus despojos al cementerio, habilitado en el Alto Verde el 15 de julio de 1835 o en el mismo piso de la iglesia donde hace pocos años se hallaron diversos restos humanos, al practicarse excavaciones.
 Ciento once años después de esta fecha, se llego a firmar en “La Prensa” 8 4 de noviembre de 1946) por el general Francisco Reynolds que las cenizas de Bogado habían sido trasladadas a Asunción del Paraguay, en agosto de 1926, haciendo una crónica de las ceremonias efectuadas, a la llegada de las mismas, donde  a la sazón el citado general desempeñaba las funciones de agregado militar en la legación Argentina.
  Este aserto dio motivo al autor de esta comunicación a una desmentido que apareció en “La Prensa 2 del 7 de noviembre de 1946 ( pagina 7, columna 1º, Nº 27989) con el titulo: “ Sostiénese que los restos del coronel Félix Bogado no han sido repatriados al Paraguay”, donde afirmaba que estimaba erróneas las manifestaciones de que los restos fueron trasladados en 1926 al Paraguay su país de origen, fundando mi aseveración en el hecho de que del actual cementerio local no se exhumaron esos restos, según me informó el administrador del cementerio, don Juan Homs, funcionario que todavía desempeña las mismas funciones, ni en esa oportunidad ni cuando, tres años después, al celebrarse el centenario de Bogado, vino a San Nicolás de comisionado para rescatarlos, monseñor Dionisio R. Napal, designado por el gobierno paraguayo.
 Pero hay más. Y esto decisivo en apoyo de lo que sostenía:
 La afirmación del general Reynolds no concuerda con las crónicas de los diarios “La Nación” y “La Prensa”, del 15 y 16 de agosto de 1926, que consulte. Tratábase de la colocación de una placa en u acalle de Asunción y no de restos, como expresa la información periodística al referirse a la conmemoración el 15 de agosto de 1926 del 389 aniversario de la fundación de Asunción, en que la colectividad argentina residente en el Paraguay dono en homenaje a la memoria del coronel Bogado, un aplaca de bronce que fuera especialmente fundida para el caso, en el Arsenal de Guerra.
 La emotiva ceremonia contó con la presencia del presidente  de la republica hermana, ministros, representantes diplomáticos, una delegación de jefes, oficiales y soldados del regimiento de granaderos a caballo, encabezada por el entonces jefe de la unidad, coronel Ernesto Sánchez Reynafe, unida a una de marinos argentinos formada por oficiales del cañonero “Paraná”, bajo las ordenes del capitán fragata D. Carlos F. Rufino, destacadas ambas con ese objeto.
 La placa fue colocada en uno de los muros del palacio arzobispal en la calle que lleva el nombre del heroico coronel y que constituye la continuación de la calle Buenos Aires, y al descubrirse la misma se hicieron uso de la palabra el Dr. José Rodríguez Alcalá, en nombre de la colectividad argentina, el secretario de la legación argentina, Dr. Pizarro Lastra, en representación del ministro Dr. Leopoldo Díaz, que se encontraba enfermo; el coronel Reynafe, el Dr. Manuel Bedoya en nombre del municipio de Asunción y por ultimo el mayor Irrazabal, del ejercito paraguayo. El Dr. Carlos Pizarro Lastra dio la lectura a un soneto titulado “Los Últimos Héroes”, en memoria, del coronel Bogado, composición de impecable factura literaria, el que fue muy celebrado por la concurrencia.
 Tales fueron los últimos homenajes al héroe legendario que se llamo José Félix Bogado, cuyos restos descansan para siempre en el seno amoroso de la tierra nicoleña.
 Deseando dar un aprueba mas de que los restos de aquel guerrero de la independencia, no han sido trasladados al Paraguay, citare una carta de don José Juan Biedma, viejo historiador que fuera director del Archivo General de la Nación, y profesor del Colegio Nacional Central de Buenos Aires y del Colegio Militar, epístola que me dirigiera desde Buenos Aires el 13 de octubre de 1929 y que da por tierra con la supuesta traslación, pues dicho señor Biedma se oponía a la repatriación, ante una sugestión que por carta me hiciera un canónigo Pérez de la catedral del país hermano, carta que acompañe al referido historiador, con tal motivo.
 Esto decía  el inolvidable Biedma en la carta de 1829. Mal puede afirmarse entonces que los restos de Bogado fueron recibidos solemnemente en Asunción en el año 1926, cuando en 1929, tres años después, se realizaban gestiones antes el gobierno argentino para repatriarlos.
 Me e permitido insistir sobre este episodio, porque “La Prensa” del 8 de noviembre de 1946, volvió a repetir lo afirmado por el general Reynolds, de que los restos fueron extraídos del cementerio de San Nicolás, veinte años, en 1926.
 Así las cosas, noticias del Paraguay dieron amplia satisfacción  lo sostenido por mí. En efecto, interesado por este asunto, don Pedro Sánchez Echagüe conspicuo Nicoleño residente en la ciudad La Plata, se puso en comunicación epistolar con una gran distinguida personalidad Paraguaya, el hombre publico, abogado ex –ministro y ex – intendente de Asunción, el doctor Agustín Ávila quien acusando recibo con una carta fechada en Asunción el 18 de diciembre 1946, encierra conceptos interesantes sobre la probidad de la critica histórica. Además, el señor Sánchez Echagüe hizo conocer a aquel artículo mío publicado sobre particular en “El Tribuno”, de San Nicolás.
 En esa respuesta el doctor Ávila incluye una colaboración publicada en un diario de Asunción por el ciudadano argentino Dr. José Rodríguez Alcalá, en que corrobora lo que hoy yo afirmaba. Es una carta conceptuosa, en donde manifiesta que en ese articulo periodístico se hacen afirmaciones totalmente coincidentes con las que se vierten en mi trabajo y que “ tales juicios hacen plena luz sobre el destino actual de los restos del glorioso coronel José Félix Bogado, esforzando paladín de la libertad americana, que llevo al seno de los granaderos del inmortal hijo de Yapeyú, el modesto aporte de los varones de esta tierra”.
  He aquí el artículo de Rodríguez Alcalá:
 “Para rendir homenaje a la memoria del coronel J. Félix Bogado algunos ciudadanos paraguayos se congregaron, días atrás, en un cementerio de Buenos Aires. Esto dio al general D. Francisco Reynolds, motivo para dirigir a “La Nación” una carta publicada el 4 del presente mes, en la que afirma que las cenizas del ilustre soldado de San Martín fueron traídas al Paraguay en 1926 y recuerda las ceremonias efectuadas en Asunción, el 15 de agosto de ese mismo año, para acogerlas con todos los honores debido a su gloria. Para disipar el error en que incurre el general Reynolds, tengo algo que decir con el cabal conocimiento de los antecedentes que me da el hecho de haber sido promotor y gestor de la glorificación de Bogado en su tierra. Las cenizas del coronel Bogado no fueron traídas a su patria ni en la ocasión recordada, ni en ninguna otra. La ceremonia que brevemente relata el general Reynolds y en la que este distinguido militar participio en su carácter de agregado a la legación argentina, consistió principalmente  en la ofrenda de una placa de bronce que me toco hacer en nombre del gobierno argentino y en mi carácter de presidente de la vieja Asociación Argentina. La placa fue colocada, no en la Catedral, como dice el general Reynolds, sino en una pared del palacio arzobispal entonces en construcción, en la esquina donde nace la calle llamada Coronel Bogado, también por iniciativa mía ante las autoridades comunales de Asunción.
 Del acto aquel, que consagro la memoria del guerrero de los Andes, nacido en el Guairá, dijo el presidente Alvear:...Es uno de los de mayor significación y de mas positiva trascendencia en el terreno de la confraternidad argentino- paraguaya, en merito de lo cual la Asociación Argentina se ha hecho acreedora a la consideración de la Nación”. Recuerdo emocionado el interés del activo  que tanto el presidente Alvear como su ministro de guerra, general Justo, acogieron  mi iniciativa de rendir alto homenaje a Bogado, disponiendo que fundiese la placa rememorativa y que un escuadrón de Granaderos a Caballo con su jefe, el teniente coronel Sánchez Reynafe, la condujese a su destino. El almirante Domeca García, Ministro de marina, a quién también me dirigí en la demanda de su adhesión, dispuso a su vez que un buque de guerra, el cañonero “ Paraná”, viajase a Asunción, conduciendo en la embajada militar y el mensaje de los camaradas del mar a la memoria del prócer. Por su lado, las latas autoridades del Paraguay se mostraron desde los primeros instantes propicios, con patriótico entusiasmo, a la conmemoración. El presidente Eligio Ayala, el ministro de guerra y marina, Luis A. Riart y los jefes superiores del ejercito y de la armada prestaron a la Asociación Argentina todo el limitado concurso que se le pidió. La comuna impuso el nombre del coronel. J. Félix Bogado, la calle hasta entonces llamada Asunción.
 La ceremonia de la colocación de la placa fue y tal vez siga siendo la mas imponente realizada en la capital paraguaya. Los documentos fotográficos dan testimonio de una densísima multitud que llenaba las calles y las plazas en torno de los soldados de regimiento de Granaderos a Caballo. En un vasto palco oficial, el presidente Ayala, sus ministros; el cuerpo diplomático y un nutrido concurso de altas dignidades conferían excepcional solemnidad al acto. Hablo en nombre del ministro argentino, Leopoldo Díaz- retenido por una dolencia en cama- el secretario Pizarro Lastra, a quien siguió en el uso de la palabra el autor de estas líneas para ofrecer a la comuna y a la nación paraguaya el homenaje de la Asociación Argentina del pueblo todo de Mayo. El presidente de la comuna, doctor Bedoya agradeció la ofrenda. El teniente coronel Sánchez Reynafe hablo en seguida en nombre del ejercito argentino y luego hizo lo mismo en nombre del ejercito paraguayo, el mayor Luis Irrazabal, hoy embajador de Lima.
 Tres años después, la misma Asociación Argentina gestiono la repatriación de las cenizas de Bogado, para cumplir la Promesa que me su nombre yo hiciera. El entonces intendente de San Nicolás de los Arroyos señor Gard, puso al servicio de mi pretensión todo su empeño patriótico. Busco sin descanso largamente el polvo del héroe. Fue inútil su ahínco. Las cenizas no aparecieron. El ex ministro Olivera contribuyo en este frustrado intentó de traer a su tierra natal los despojos del guayreño insigne con una animosa colaboración. Es justo recordarlo.
 ¡Cuan difícil es escribir la historia! No lo demuestra, una vez mas, la abundancia de errores con que en la carta del distinguido Gral. Reynolds aparecida días atrás en “LA Nación” de Buenos Aires, se evoca un acontecimiento cuya fecha solo se remonta a veinte años. Por que la afirmación de que las cenizas de Bogado fueron traídas al Paraguay no es el único error que en dicha carta resalta”. 

 

Bomon, Enrique 

 Músico. Enrique Bomón nació en Bruselas el 8 de febrero de 1849. Su vida abarco un derrotero brillante, como  artista de meritos excepcionales y a quien se llamara el Paganini el violoncelo. Muy Niño, a los sietes años, huyo del hogar paterno de la capital belga, porque su madre, en extrema severa, lo castigaba de continuo ante el menor desliz. Desde entonces se revela un niño prodigio y empieza su andante trajinar por el mundo, este bohemio ilustre, que era, al mismo tiempo, un hombre educado, ceremoniosos, atildado, un perfecto y culto caballero, pundonoroso, cumplidor exacto del deber, noble, afectuoso, con exquisito don de gentes. No en vano había recogido rica experiencia peregrinando por el mundo entero, conociendo y observando con acuciadora curiosidad, no solo en su condición de artista, sino también cuando los azares de la vida lo hicieron hombre de empresa, ora dedicado a las tareas agropecuarias, ora a su fecunda y sabia labor pedagógica, ya que la vida del artista esta supeditada a las vaivenes de su incierto y trashumante destino.
 Uno de los primeros conciertos en San Nicolás fue el 9 de diciembre de 1888 con el concurso de la señora Mitilotti y su esposo, de Galvani, Escalante y del eximio Dengremont, en el local del teatro Principal, siendo Bomón llamado con inasistencia; y ejecuto dos veces la “Reverie” de Wolf.
 En 1874 había llegado Bomón a Buenos Aires formando parte del primer cuarteto clásico que se conoció a la Argentina, de lo que hizo alusión “La Prensa”, del 6 de agosto de 1924, recordando los primeros músicos que actuaron en nuestro país. Muchos años después se dedico  a la enseñanza en la Escuela Normal, siendo tan laborioso y puntual que dos veces fue apercibido por excederse en los programas y horarios. Era en 1907. Fue nombrado profesor de música por un decreto del ilustrado ministro de Instrucción Publica, Joaquín V. González, que lo conociera en la ceremonia pública de la inauguración de la Escuela Normal de Pergamino, quien después de elogiarlo por su escuela flamenca, le ofreció espontáneamente un cargo docente. El nombramiento extendido en Buenos Aires a los pocos días, expresa que se hace “por admiración”. No era para menos Bomón y su hija, como cantante, lo había impresionado. Ellos habían concurrido a Pergamino por invitación de Mariano de la Riestra, hombre publico que actuaba en la vecina ciudad, lo mismo que un núcleo de damas y caballeros de San Nicolás, que en número de cincuenta y tres, partieron en tren especial.
 La revista “El Hogar” con el titulo “Hace cincuenta años”, recuerda un concierto en el Politeana donde se cantó la grandiosa “Misa de Réquiem”, que el celebre maestro Verdi había escrito en ocasión de los funerales del insigne poeta Alejandro Manzoni, autor de “I promessi spossi”, expresando que la ejecución de la obra en conjunto es sobresaliente, debiéndose elogiar la bien disciplinada orquesta dirigida por el maestro Conti. Y agrega que: “Verdad es que esa orquesta la forman ejecutantes de la talla de Raineri, Bomón, Catalini y otros no menos distinguidos artistas, lo cual es de por si solo una garantía de éxito”.
 Bomón consiguió renombre en Paris, Alemania e Inglaterra; y el emperador Pedro II del Brasil lo recibe como huésped en su palacio. Este andante caballero, siguió por los caminos del mundo, errante, sin rumbo fijo, pasa por Chile, donde se le da el nombre de “Coloso de la memoria”, pues habiendo naufragado de barco  y perdido su equipaje, tuvo que efectuar un concierto integrante de memoria, aparte de que recordaba y ejecutaba más de ciento cincuenta obras clásicas.
 “Los Principios”, diario principal de la ciudad de Córdoba, del 21 de julio de 1903 se refiere a un magnifico concierto en que Bomón tomo parte en forma maravillosa en la interpretación de “Souvenir de Spa” dijo: “el señor Bomón en su mágico violoncelo mereció delirantes aplausos. ¡Que magnifico! Podemos decir, sin incurrir en exageraciones, que nos ha hecho escuchar a un tiempo diversos instrumentos. Concluida la repetición de Bomón, ejecuto otra pieza por pedido del publico, y esto paso de algo notable a lago admirable”.
 Bomón poseía un violoncelo “Stradivarius”, de los de mayor formato y Servais en prueba de admiración hacia su discípulo extraordinario, dedicóle una de sus composiciones mas brillantes y hermosas, la ya recordada, “Souvenir de Spa”, que Bomón ejecutaba con singular perfección y con una especie de de recogimiento religioso, pues nunca pudo olvidar a su maestro.
 A Bomón le falto disciplina para perfeccionarse, pues de haber cultivado el “Concierto” con la asiduidad y método que son indispensables para mantenerse en el alto nivel alcanzado y luego reclamado por la crítica, hubiera conquistado mayor fama.
 Dedicado por su genio inquieto a otras actividades, fue en Sud África minero buscador de diamantes y cuando había reunido una apreciable fortuna, un anoche fue traicionado y asaltado por su socio.
 Estando en Sidney, como violoncelo de espalda a la orquesta de una compañía de opera, el desastre financiero de la misma determina una situación desesperada, que soluciono en parte formando un trío, violoncelo, violín y arpa, que daba conciertos en las plazas y en las calles de esa ciudad australiana. (En Melbourne nació su hija Elvira) juntando algunas sumas para el pasaje y así pudo trasladarse a Europa con su familia.
 En Buenos Aires su cuarteto llego a dar más de cien conciertos y las damas del “Horfanato Francés” la obsequiaron un valioso álbum en recuerdo del concurso generosamente prestado.
 Hizo muchos discípulos en Londres, que le regalaron una batuta de ébano y plata con la inscripción. A Henrich Bomón -1886- Stella Maris”. En Brasil el emperador Don Pedro, en cuyo palacio dio numerosas audiciones, le obsequio con un magnifico reloj cronometro Remontoir de oro, homenaje merecido a quien había sido violoncelista de espalda de la ópera de Paris.
 Fue huésped de honor de la corte de Inglaterra donde fue maestro de la Sinagoga, de doscientas damas, lugar donde solo se podía concurrir de noche, haciéndose la excepción fundada, hacia quien ya había merecido los halagos de la nombradía y de la gloria, porque allí no entraba ningún hombre.
 De regreso a Buenos Aires la fortuna deja de sonreírle y tiene que vender su Stradivarius para comprar semilla para su chacra de Junín, de donde lo trajo a San Nicolás (en 1889) el músico local Vicente Pozzolo, pasando ser director de la Banda Municipal.
 Bomón había contraído matrimonio en Buenos Aires, en la Iglesia de Balbarena, el año 1875, con Isabel Souza, perteneciente a una distinguida familia de Montevideo, que el 21 de agosto de 1925 celebraron sus bodas de oro matrimoniales.
 En 1925 presento su renuncia para acogerse  a la jubilación como profesor  de la Escuela Normal, en la que presto servicios durante diez y ocho años.
 Murió en San Nicolás a los ochenta años el 17 de agosto de 1929. Con motivo del segundo aniversario de su muerte se verifico en el cementerio local un homenaje, colocándose una artística placa de bronce junto con su violencelo y que ostenta la siguiente inscripción: “A Enrique Bomón, violoncelista eminente. Medalla de oro del Conservatorio de Bruselas. Fue su maestro el gran Servais. Inicio en la Argentina el Cuarteto de Cámara. Peregrino del arte por el mundo, aquí descansa para siempre. Bruselas, 8 de febrero 1849- San Nicolás, 17 de agosto de1929”. En dicha ceremonia se escucharon discursos del Dr. Manuel García Reynoso. Eduardo Di Bernardo y Francisco Lattanzio. La banda municipal hizo oír los trozos de música sacra.
 El violoncelo y arco de Bomón fueron donados al Museo Fernández Blanco el 31 de diciembre de 1935, acompañando por una nota firmada por el Dr. Manuel García Reynoso, en nombre de la señora Maria Isabel Souza de Bomón y sus hijos Elvira C., Enrique y Gabriel. 

Bonelli, Fortunato 

 Industrial. Nació en Partana, provincia de Trapana (Italia) el 1º de octubre de 1906, siendo sus padres Antonia Ciela y Antonio Bonelli. Curso primeras letras en la Escuela común Nº 1 de don León Guruciaga. Inicio sus tareas de artesano en la fundición de metales de Suárez y Parodi en el año 1917. Se independizo en 1926 fundando un taller metalúrgico al frente del cual estuvo hasta el 11 de septiembre de 1953 en que se produjo su lamentada muerte en un accidente automovilista. Fue socio del Club Belgrano; del Rotary Club, de la Cámara de Metalúrgicos, del centro de Laminadores, Federación de Industria y Comercio de San Nicolás, y otras instituciones. Caso con doña Ulda Andrin. Sus hermanos Alfredo y Antonio le secundaron sus afanes de laborioso y emprendedor, hasta que en 1940 fundaron un establecimiento metalúrgico que desarrolla sus actividades con creciente impulso.
 

Borda, Facundo

  Militar. Nació en San Nicolás de los Arroyos en 1796.
 En 1820 incorporado a la milicia de esta zona, intervino en acciones afectadas en los alrededores de San Nicolás y San Pedro.
 En 1821 hizo la campaña contra Ramírez a las ordenes de Lamadrid, como capitán agregado al Regimiento 4º de Campaña, mandado por el teniente coronel Francisco Sayos, asistiendo al combate del 24 de mayo d aquel año, cerca de Coronda, donde Borda actuó en la reserva de Lamadrid.
 Transcurría el año 1827 cuando su padre, Miguel Borda, aparece como vecino y propietario de San Nicolás, yen septiembre del mismo, habiendo sido incluido Facundo Borda ( que ostentaba la jerarquía de capitán de milicias) por la “Comisión de Hacendados” en la lista de los que no tenían propiedades, se le quiso obligar a que poblase los nuevos fortines o guardias de la frontera “ por carecer de terreno propio”, pero en vez de hacerlo marchar, Borda sufrió un atentado en su casa por parte de los soldados que lo registraron y después fue colocado por la fuerza en una de las compañías de húsares del coronel Rauch, como sargento. Posteriormente fue reconocido en su grado.
 Desde Octubre de 1829 revisto como teniente coronel de milicias en la plana mayor del Departamento del Norte, en el Salto hasta enero de 1830. El 9 de enero de este año siendo teniente coronel de milicias, obtuvo despachos de “comandante veterano del tercer escuadrón del regimiento 4  de Milicias”.
 En 1831 formo parte del Ejército de Reserva que mandaba el general Juan Ramón Balcarce y que opero contra el general Paz. Terminada la campaña regreso a San Nicolás.
 Promovido a coronel graduado por Rosas, Borda presta servicios como comandante militar de San Nicolás cuando el general Lavalle invadió la provincia de Buenos Aires en 1840. El coronel Borda, de inclinaciones liberales, el día 10 de aquel mes se presento al coronel Juan Antonio Méndez, incorporándose al Ejercito Libertador, con el que tomo parte en el avance sobre Buenos Aires hasta Merlo, y en el ulterior repliegue hacia el Norte. Se hallo en la toma por asalto de la ciudad de Santa Fe, el 29 de septiembre y en la sangrienta batalla del Quebracho Herrado.
 Ascendió a coronel efectivo por el general Lavalle, Borda participo en las múltiples peripecias de aquella desgraciada campaña. Cayo prisionero en la batalla de Famaillá o Monte Grande el 19 de septiembre de 1841, en manos del caballeresco coronel Hilario Lagos, una de las primeras espadas de Rosas.
 Aquel garantizo la vida a Borda y como Lagos hubiese recibido una herida de bala en un pie siéntese que le faltasen las fuerzas por la hemorragia consiguiente, se dirigió a su alojamiento, dejando a su protegido conservando con algunos de sus compañeros de armas. Pocas horas después uno de sus ayudantes le comunico a Lagos que Borda había sido fusilado por orden de Oribe. Presa de la mayor indignación monto a caballo a pesar de la herida y presentándose en la carpa del general en jefe le enrostro su procedimiento sanguinario, y bajo su responsabilidad personal, Lagos se aparto de aquel ejercito, dirigiéndose a Buenos Aires, donde Rosas le franqueo toda clase  de auxilios médicos y hasta el ofreció dinero que aquel no acepto. Curado de su herida, paso a Entre Ríos a formar una división de las tres armas, que comando hasta el pronunciamiento de Urquiza.
 El coronel Borda era casado con doña Jacinta Rodríguez. 

 

Botet, Felipe 

 Felipe Botet  era oriundo de Montevideo y habiéndose radicado en San Nicolás, casó con doña Justina Acevedo, dama de proveniente de un antigua y respetable familia, formando un hogar ampliamente prestigiado por la distinción y fineza del trato y bellas prendas personales de ambos esposos, circunstancias que les granjeó la estima y consideración de que gozaron, en esta sociedad tradicional.
 En 1839 tenia un agencia marítima que debió abandonar mas tarde para incorporarse, con tropas de esta ciudad, la división del ejercito de Rosas, que había establecido su cuartel en el Tonelero.
 Actuó en el combate de Obligado con el grado de capitán, como ayudante del coronel Mansilla, siendo encargado del Parque, situado diez cuadras a retaguardia de las cuatros baterías levantadas sobre la barranca del rió Paraná. Su principal cometido consistía en la provisión de municiones a las fuerzas de esas baterías y en el retiro de heridos del campo de batalla hasta el hospital de sangre, donde les prestaban asistencia dos cirujanos. Cumplió tan importante misión con “puntualidad recomendable”, según se hace constar en el parte elevado al gobierno por el general Mansilla.
  Después de esa acción de guerra se estableció nuevamente en San Nicolás, donde fue nombrado Juez de Paz, cargo que ejerció durante los años 1846 y 1848. No obstante haber sido un funcionario rosista, fue siempre un hombre recto y de temperamento moderado.
 Producida la caída de Rosas, Botet desapareció de la escena pública hasta 1869, en que es nombrado vicepresidente de la municipalidad, y un año mas tarde, presidente de la misma y juez de paz. Durante su administración se amplio la división en cuarteles de la ciudad y campaña y se gestiono de la Legislatura la sanción de un proyecto del P. E. Sobre la construcción de un ferrocarril que debía ligar varios partidos del norte de la provincia.
 Fue poseedor de varias propiedades urbanas y rurales en San Nicolás, entre estas una gran extensión de tierra con frente al Paraná, en la que se construyo el primer establecimiento saladeril de San Nicolás asociado a Segundo Román García.
 Realizo una larga jira por Europa, en compañía de su esposa, regresando luego a San Nicolás, falleciendo el 19 de marzo de 1871, a la edad de 70 años. En homenaje a su memoria, su esposa, doña Justina Acevedo, dono al pueblo de San Nicolás el hospital y asilo “San Felipe”, lo que hizo por escritura pública fechada en Buenos Aires el 20 de octubre de 1878.
 

Bustamante, José Luis 

 Historiador periodista. José Luis Bustamante nació  en San Nicolás de los Arroyos el 25 de agosto de 1799 en el hogar patricio de don Estanislao José Bustamante, nativo de Buenos Aires y con cuantiosos intereses rurales en la zona, por lo que el cabildo lo nombro en 1804, Alcalde de la Santa Hermandad; y de doña Claudia Caravajal, vieja familia arroyera. Es de ilustre prosapia, por cuanto sus antepasados son Jerónimo Bustamante, tesorero de la Hacienda Real, que fue a fundar Córdoba la Llana, con jerónimo Luis de Cabrera.
 Hizo sus estudios primarios en esta ciudad, los que no completo pues se enrolo las filas del ejercito a la temprana edad de 13 años, siendo designado abanderado del Batallón Nº 1 de Auxiliares Argentinos que participo en la guerra de la independencia Posteriormente le toco vivir una gran parte de las luchas civiles argentinas, militando en las filas de la libertad que se había cuadrado frente al despotismo, por lo que tuvo que expatriarse, no si colaborar intensamente en la prensa diaria de ambas orillas del Plata. Pero alcanzo la dicha de regresar a su lares, no sin dejar escritas macizas obras históricas que la posterioridad ha recogido y aprovechado como abrevadero insustituible, con frecuentes menciones de lo principales historiadores y últimamente la “Historia de la Nación Argentina”, tomo VII, segunda parte, año 1950.
 Relatemos su vida. El 3 de noviembre de 1820 es designado teniente primero en el Cuartel General de San Nicolás, recibiendo en ese acto felicitaciones del Gobernador Martín Rodríguez, como general en jefe del ejercito de operaciones en campaña, por “haber contenido el avance la anarquía y pseudo federaciones”, y el 11 de febrero de 1822 es ascendido a capitán de los “Patricios de San Nicolás”.
 En marzo de 1821, Bustamante resulto elegido diputado a la legislatura de Buenos Aires, cuando aun no contaba veintidós años. La Cámara de Representantes sin embargo, resolvió que se presentara el elegido, pero este renuncia el 7 de abril. Al poco tiempo fue llamado de nuevo a la vida pública en el cargo de juez de paz de San Nicolás que desempeño desde el 1º de enero de 1825.
 Con Vedoya, Vélez y Tezanos Pinto, era integrante del grupo mas joven del Congreso Nacional de 1826, tocándole representar a la “nueva” provincia de Buenos Aires. Como legislador su actuación consta en el Diario de Sesiones, en los debates sobre la Constitución, especialmente al tratarse  el articulo 4º que versaba sobre la ciudadanía, cuyo inciso 3º demando dos laboriosas sesiones, interviniendo en la misma los diputados Somerella, Valentín Gómez, Campana, Ugarteche, Juan José Paso, Dorrego, Vélez Sarfield, Helguera, Tezanos Pinto, Manuel Antonio Castro, Cavia, Portillo y otros.
 Bustamante resulto electo en los comicios del 4 de junio y se había incorporado al Congreso el 18 de julio de 1826. El acta inédita de dicho día dice: “Se anuncio que el señor Bustamante, Diputado pr. La nueva Prova. Buens. Ayrs. Cuyos poderes ya habían sido aprobados, esta pronto a incorporarse, se le mando entrar, presto juramento de estilo, y tomo posesión de su asiento”.
 Cuando en 1826 se propuso a San Nicolás como capital de una nueva provincia, Bustamante presento al Congreso una extensa petición, que es un notable documento que consta de trece pliegos, apoyando el pedido de los vecinos de San Nicolás, San Pedro, Baradero, Rojas y Pergamino, con 255 firmas, favorable al proyecto.
 En 1827 contrae enlace y según testimonio del Archivo de la Catedral Metropolitana, el 6 de octubre, con Manuela Belaustegui, siendo padrinos el doctor Salvador Maria del Carril e Ignacia Echenagucia; y al año siguiente vino a San Nicolás a pasar una temporada con una señora y para atender sus intereses.
 Después de la caída del gobierno de Rivadavia, del cual fuera ardiente defensor, sigue actuando activamente en política, colaborando en la prensa diaria; donde combatió la anarquía y la demagogia.
  En 1831 fue suprimida la libertas de prensa. Dos periódicos independientes, “ El Nuevo Tribuno”, de Pedro Feliciano Cavia, y “ El Cometa Argentino”, de José Luis Bustamante, Barros Pazos y Belaustegui, se atrevieron a discutir las facultades extraordinarias ( ley del 2 de agosto de 1830) ya desconocer la aptitud de las provincias apara formar la Confederación Argentina. Esto fue suficiente para que Rosas los mandara cerrar, considerando lo “indispensable de la unión entre los pueblos de la Republica”, y la circunstancia de que nadie “podía publicar impreso periódico alguno sin previo permiso del gobierno... expedido por la Escribanía Mayor.
 Dos años después (1833) “ El defensor de los Derechos del Pueblo”, también de vida efímera; y desde mayo a agosto del mismo año publico “El Iris”, viéndose obligado a emigrar en el año 1834 a la Colonia, pasando mas tarde a Montevideo ( a la isla e Ratas) (1836) con su familia, hasta la caída dela tiranía. Bien pudo quedarse en Buenos Aires ocupando situaciones que con altura rehusó y desdeño. Casado con doña Manuela Belaustegui, hermana de Pascuala, esposa del doctor Felipe Arana, ministro de Rosas, todo se le ofreció; pero su amor de libertad y sus ideas rivadavianas no le permitían acepta. Poco a poco fue enajenado sus bienes, al mismo tiempo que disminuía su patrimonio por el embargó y la confiscación de sus campos decretado por el tirano.
 Su vida era muy activa desde esa fecha; publica en 1840 “El bloqueo francés en los puertos de la Republica Oriental donde domina el General Oribe” y en 1849 “ Los 5 errores de la intervención francesa en el Plata”, que ha sido reimpreso recientemente por la editorial Solar; y, vinculándose a los hombres de gobierno, llego a ser secretario de Rivera en los años 1841 a 1843, firmando también, como delegado, el convenio de las provincias litorales para combatir a Rosas, celebrado en Rió Grande del Sud y en Corrientes. Fue miembro de un ajunta de Notables en 1846. Cuando estuvo al lado del presidente Rivera, en el carácter indicado, acompaño a este magistrado en su deportación; encarcelado y maltratado, fue autor del movimiento que dio nuevamente mando a dicho presidente.
 Bustamante, como hechos dicho, no era solo hombre de acción fecunda, sino de pensamiento, y de pluma bien dotada, por sus obras históricas, sin descuidar su predica periodística en “El Correo de la Tarde” (mayo de 1850) y “La Defensa” (1851). Y con motivo del asesinato de Florencio Varela, el 20 de marzo de 1848, lanzo enérgicos anatemas desde la prensa montevideana, en un vibrante artículo recordando la actuación de ese muerto esclarecido. Además de los libros mencionados publico: “ Memorias sobre la revolución del 11 de septiembre de 1852”, Biografía del General Manuel Guillermo Pinto”, “ Ensayo sobre la defensa de Buenos Aires contra la rebelión del coronel Hilario Lagos”, “Anales de la defensa de Montevideo” y “ Bosquejo de la historia civil y política de Buenos Aires” (1856). De estilo llano y fluido, todas reflejaban la imparcialidad y el sereno y recto espíritu, de su autor, especialmente cuando se ocupa de los principales actores de la época, condiciones que lo distinguen de los demás escritores apasionados contemporáneos suyos. Como se ve, se pueden apreciar varias lecciones de sus normas de conducta en la vida publica; además de su temperancia, es de hacer notar su desinterés y falta de ambiciones como cuando renuncia su banca en 1821 no obstante que la Sala de Representantes lo había invitado a incorporarse cuando tenia 21 años. Según Zinny, redacto los siguientes diarios: “ El Cometa Argentino” (1831-1832), que consta de 23 números; “El Defensor de los Derechos del Pueblo” ( 1833), 94 números; “ El Iris” ( 1833) 111 números, es un periódico redactado en términos moderados para la época, aun dentro de las polémicas que sostiene y , finalmente, después de Caseros, funda en Buenos Aires, “ El Progreso”, diario gubernista ( con 467 números) que continuo en 1853 con el nombre de “ La Tribuna” y defendió, sin embargo, el acuerdo de San Nicolás”, sin duda en un cambio de orientación y dirección.
 Ese mismo año publico en “La Tribuna” varios artículos sobre la ciudad de San Nicolás y que he reproducido y comentado en mi historia de dicha ciudad.
 Bustamante fue, además, un filántropo, y en los momentos de infortunio formo en primera fila entre los ciudadanos que brindaron su concurso material y su incansable laboriosidad y solicitud para los desheredados de la fortuna, siendo designado por el gobierno en la comisión que ayudo a las victimas de la explosión del polvorín el 15 de diciembre de 1852, que destruyo la iglesia de San Nicolás y muchos edificios con numerosas victimas. Este hombre benemérito estuvo ligado a San Nicolás hasta muy poco antes de morir: en 1855 la municipalidad local lo designo agente  de su negocios en la capital del estado. Acompañado al general escalada en su campaña contra los indios, concurriendo a la fundación del fuerte de Azul. “ La Historia de la Confederación Argentina” de A. Saldías (1911) y las “ Memorias del brigadier general Pedro ferre”( 1921) en sus apéndices traen una copiosa correspondencia de José Luis Bustamante; “ Asambleas Constituyentes Argentinas”, en su tomo VI (Buenos Aires, 1939), también contienen los convenios firmados para combatir a rosas; Antonio Zinny en su trabajo sobre la prensa del Rió de la Plata ha elogiado su obra; Ramón J. Carcamo lo cita en “ De Caseros al 11 de septiembre”, y Arturo B. Carranza en el tomo I de “ La cuestión capital de la Republica”; Servando García, el diccionario biográfico de Carlos Molina Arrotea y Apolinario Casabal (1877); el Archivo General Mitre; Carlos Correa Luna en su “ Historia de la Sociedad de Beneficencia”, y otros, se ocupan de Bustamante, como también el inolvidable historiador José Juan Biedma en una carta consagratoria escrita el 12 de noviembre de 1920.
 Falleció Bustamante accidentalmente en Montevideo el 5 de octubre de 1857, cuando la patria más lo necesitaba. Tenía 58 años. Sus restos fueron repatriados justamente cuarenta y dos años después, el 5 de octubre de 1899 y depositados en el cementerio de la Recolecta.
 Tal es a grandes rasgos, la biografía de este ciudadano ejemplar que luchó por elevados ideales a través de su agitada vida publica, y  que se dio tiempo también par recogerse en su gabinete de estudio a escribir perennes paginas históricas de sucesos en que fue actor ponderado (1).

 (1) Don Estanislao José Bustamante, padre de José Luis, nació en Buenos Aires y fue bautizado en la iglesia de San Nicolás de Bari, el 15 de mayo de 1759, a la edad de nueve días, Hijo de José Bustamante y de Juana Estefanía de Aparicio.
 José Bustamante, madre de José Luis Bustamante es hija de Tiburcio Carvajal y de Cipriana Mendoza.
  Estanislao José Bustamante, casado en San Nicolás en 20 de junio de 1875, con Claudia Carabajal, tuvo además de José Luis, a los siguientes hijos: José Maria, casado en Santiago del Estero con Agustina Iramain, que tuvieron un a hija casada con Carol.
 Claudio, que murió en la batalla de Ituizango con el grado de teniente.
 Ramona Bustamante, caso con Vicente Castro, vecino de San Nicolás. Teresa Bustamante, caso con  Fermín Andrés de Oteiza, vecino de esta ciudad, que tuvo un hijo teniente coronel: José Oteiza y Bustamante, falleció en Tucumán en 1891. Otros hijos: Valentina, Mercedes, Ángela, Edelmira.
 Eusebia Bustamante, casada con Manuel Fernández, que fue de 1824 juez de Paz de San Nicolás, cuya hija Narcisa caso con Jerónimo Turio, vecino de esta ciudad. Otros hijos de este matrimonio fueron: Ángela, que murió soltera; Luis, Teodoro, Ramón y Dolores Fernández Bustamante.
 Manuela Beláustegui, esposa de nuestro biografiado había nacido el 4 de junio de 1809; era hija de Francisco Antonio Beláustegui y de Melchora Rodríguez, hija del capitán y gobernador de Mojos y Chiquitos en el Alto Perú; y de Pascuala Sacristán. Tuvieron en matrimonio a:
 Adela Bustamante, casada con Emilio Gimenez, padre del Dr. Emilio Gimenez que fue el juez, camarista y diputado provincial, falleció en 1908 y abuelo de Emilio Gimenez Zapiola, juez y camarista e interventor nacional de Jujuy, mandado por Irigoyen y que salió a escape por tener un corrector prócer.
 De este matrimonio fueron hijos:
 Adela Gimenez, casada con Manuel Ocampo y en segundas nupcias con Atilio Palma.
 Rodolfo Gimenez, casado con su prima hermana Juana Bustamante.
 Isabel Gimenez, casada con el Dr. Honorio Martel.
 Otros hijos de José Luis Bustamante, fueron:
 Manuela Bustamante, casada con Carlos Ristorini.
 Francisco Bustamante, casado con Magdalena Beláustegui, prima hermana.
 Luisa Bustamante con Jerónimo Zaldarriaga.
 Celina Bustamante nacida en Montevideo en 1848, casose con Melchor Beláustegui.
 Elisa Bustamante, caso con Natal T. de Torres.
 El matrimonio de José Luis Bustamante con Manuela Beláustegui fue celebrado en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires el 6 de octubre de 1827, siendo padrinos el doctor Salvador Maria del Carril e Ignacia Echenagucia. Fue casado por el provisor José León Banegas.
 Un alamina de José Luis Bustamante aparecida en mi “Historia de San Nicolás”, edición 1938, es reproducción de un retrato al pastel hecho en 1826, cuando era diputado, poco antes de su matrimonio, y se encuentra en el Museo de Lujan, por donación de doña Celina Bustamante de Beláustegui, hija del prócer.
 Existe otro retrato del año 1827, de otro autor, por cierto bien distintos y cuyas interpretaciones aunque al parecer no concuerdan son de la misma persona con diferencia de pocos meses. Puede observarse que el mismo prendedor de corbata, el mismo traje, peinado, etc.
 El 16 de octubre de 18(...)  se sepulto en el pórtico de la iglesia parroquial muestra el cadáver de Estanislao Bustamante, esposo de Claudia Carabajal y esta murió el 31 de octubre de 1841 a los 80 años y fue enterrada en el cementerio del Alto Verde.
 El decreto de nombramiento de juez de Paz del partido de San Nicolás de los Arroyos, extendido por el Dr. Manuel Antonio de Castro, el 10 de enero de 1825, dice a la letra:
 “Es adjunto el nombramiento que el Exmo. Gobierno de la Provincia ha hecho en la persona de d. Luis Bustamante pa. Juez de Paz de este partido de Sa. Nicolás, a efecto de que poniéndolo V. en sus manos, le reciba ante dos testigos el juramento de cumplir bien y fielmente el cargo, guardando las leyes, qe. Lo rigen, y lo pongan en posesión de el, entregándole el registro oficial, las ordenes, decretos, y demás documentos y papeles del Juzgado: y dando V. cuenta al Tribunal de la Cámara de Justicia de haberlo executado con la diligencia de su recepción, y juramento. 

 Dios que, a V. m. Buen. Ayr. Ene. 9 10 de 1825. 

                                                           MANUEL ANTº DE CASTRO.

 

Sor. Juez de Paz de Sn. Nicolás D .José Núñez.

  

Bustos, César Carlos

 


César Carlos Bustos fue fotógrafo, artista plástico y escritor. Nació en San Nicolás de los Arroyos el 26 de diciembre de 1913. Perteneció al llamado Grupo “Arroyo del Medio”, junto con Del Pozo, Méndez Rojas, Urquiaga, Semorile y otros.
Publicó El Matiz de los Días, libro de poemas, en 1945; Desmandado Vuelo de sonetos; en 1949; Doce Poemas, cuaderno de poesías en colaboración con Mario Verandi y Alfredo Omar Busch, en 1959 y El Aire y la Nostalgia, poemas en 1987.
Ganó la medalla de oro al mejor soneto en los Juegos Florales realizados en Morón en 1949 y la Flor Natural en un certamen similar organizado por el Club Y.P.F. de la localidad de Ensenada en 1950.
Fue incluido en la Antología de Poetas Bonaerenses, editada por la Sociedad Argentina de Escritores de La Plata en 1977; en la Antología Hispano Americana, editada por el Fondo Editorial Bonaerense en 1978, y figura en el Diccionario Biográfico de la Provincia de Buenos Aires, editorial Signo 1954.
Obtuvo el primer premio en los siguientes concursos: Certamen de Poesía organizado por la Asociación Cultural Rumbo de San Nicolás en 1978; Concurso de Poesía “Ciudad y Templo” de San Nicolás en 1985; Primer Concurso de Poesía “Centenario del Banco Hipotecario Nacional” en 1986 (premio compartido) y el Segundo premio en el Certamen Literario del Club Somisa en 1986.
Sus trabajos integran la “Primera Antología de Cuentistas Nicoleños” (1984), la “Primera Antología de la Poesía Nicoleña” (1986) y la “Segunda Antología de la Poesía Nicoleña” (1992), editadas por el Fondo Editorial de San Nicolás.
Se han ocupado de su obra literaria los escritores Astul Urquiaga, Horacio Rega Molina, José González Carvalho, Andrés del Pozo, Atilio José Milanta, Nicolás Semorile, Alfredo O. Busch, Miguel Perret y Juan Carlos Priotti.
Fue socio fundador de la Asociación Cultural “Rumbo” de San Nicolás. En pintura y fotografía también ganó varios premios a nivel nacional y local, y realizó exposiciones en diversas localidades.
El 31 de agosto de 1996, un grupo de escritores fundó el Círculo Poético “César Bustos” de San Nicolás, con el objetivo poco usual de rendir un homenaje en vida a uno de sus pareas, amén de difundir su obra. En 1997 el Círculo publicó “Sonetos convocados”, que reúne a poetas de la región, incluido su patrono.
César Carlos Bustos, “Pocholo” para sus amigos, abandonó este mundo el 16 de enero de 1998, víctima de un repentino cáncer de páncreas, con una novela, un cuadro y varios poemas inconclusos; pero dejó una vasta obra terminada con primor.-